La falta de agua no afecta de la misma manera a todos los árboles. Algunos pueden activar mecanismos para reducir la pérdida de humedad, mientras otros llegan rápidamente a límites fisiológicos que comprometen su crecimiento.
Un estudio realizado en Bogotá encontró diferencias importantes entre 11 especies de árboles analizadas durante periodos secos y húmedos. Guayacán de Manizales, chicalá, aliso y eugenia aparecen entre las especies con mayor vulnerabilidad ante la escasez de agua.
El hallazgo cobra relevancia después de la fuerte sequía que experimentó la ciudad en 2024 y ante escenarios de variabilidad climática que podrían volver a poner a prueba el arbolado urbano.
Cuatro especies que tendrían menos margen frente a la sequía
La investigación fue desarrollada por Derly Alejandra Garzón-Casallas, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).
Durante el estudio, realizado entre enero de 2024 y septiembre de 2025, se analizaron seis árboles adultos y sanos de cada especie en el campus de la Sede Bogotá.
Los investigadores compararon el comportamiento de las especies durante condiciones secas y húmedas para determinar cómo reaccionaban cuando disminuía la disponibilidad de agua.
Entre los factores evaluados estuvieron:
- Cantidad de agua conservada en las hojas.
- Apertura y cierre de los estomas.
- Concentración de prolina.
- Capacidad de las células para conservar su presión interna.
- Temperatura y humedad del ambiente.
- Cantidad de agua disponible en el suelo.
Los resultados permitieron identificar diferencias en los márgenes de seguridad fisiológica de cada especie.
El guayacán de Manizales, uno de los casos que más preocupa
El comportamiento del guayacán de Manizales llamó especialmente la atención.
Durante el periodo seco, esta especie llegó a operar cerca e incluso más allá de su límite fisiológico. Si la falta de agua se prolonga o aumenta en intensidad, esa situación podría afectar procesos esenciales para el árbol.
Entre ellos están la fotosíntesis, la asimilación de carbono y el crecimiento.
La investigadora señala que, bajo las condiciones estudiadas, se trata de la especie más vulnerable, por lo que incluso una sequía que no sea extrema podría comenzar a producir efectos visibles sobre su desarrollo.
¿Por qué algunos árboles resisten mejor?
Aquí aparece uno de los aspectos más interesantes del análisis.
Las especies menos vulnerables no necesariamente son capaces de permanecer más tiempo completamente deshidratadas. Su ventaja está en cómo reaccionan antes de llegar a una situación crítica.
El falso cerezo, el saúco, el nogal y el holly liso mostraron mecanismos que les permiten conservar un mayor margen de seguridad durante los periodos de escasez.
Una de esas respuestas consiste en cerrar los estomas, pequeños poros de las hojas que permiten el intercambio de gases, pero que también generan pérdida de agua.
También pueden acumular más prolina, un aminoácido que ayuda a proteger las células cuando existe estrés hídrico.
En términos sencillos, algunos árboles parecen tener una estrategia de ahorro de agua antes de llegar al límite, mientras otros continúan funcionando a medida que disminuye el recurso y terminan acercándose más rápidamente a una zona de riesgo.
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El caso del holly liso tiene una particularidad
El holly liso presentó el margen de seguridad más amplio durante el periodo seco.
A primera vista, podría parecer una alternativa evidente para enfrentar futuras condiciones de sequía. Sin embargo, existe un elemento que cambia completamente el análisis.
Esta especie es exótica e invasora en los humedales de Bogotá y puede producir una gran cantidad de semillas que germinan rápidamente.
Según la investigación, esa característica puede favorecer su desplazamiento sobre especies nativas.
Por eso, resistir mejor la falta de agua no significa automáticamente que una especie deba ser priorizada en nuevos proyectos de arborización.
La planificación urbana debe considerar simultáneamente aspectos ambientales, ecológicos y de manejo.
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La sequía de 2024 dejó una advertencia
Los resultados adquieren mayor relevancia al compararlos con las condiciones registradas durante 2024.
Entre julio y septiembre, considerados meses secos dentro del estudio, el contenido promedio de agua del suelo en el área analizada fue de 17,6 %, frente al 42,6 % registrado durante los periodos húmedos.
Además, durante la temporada seca aumentó la temperatura y disminuyó la humedad relativa del aire.
Ese tipo de combinación representa un desafío adicional para la vegetación urbana, especialmente cuando la disponibilidad de agua disminuye durante periodos prolongados.
Bogotá ya experimentó durante 2024 los efectos de una fuerte sequía, que estuvo acompañada por restricciones en el suministro de agua y bajos niveles en el sistema Chingaza.
¿Qué podría cambiar en la planificación de la ciudad?
La investigación plantea una aplicación práctica: utilizar información fisiológica para mejorar las decisiones relacionadas con el arbolado urbano.
No se trataría simplemente de elaborar una lista de árboles “buenos” y “malos” para la ciudad.
La selección debería considerar variables como:
- Resistencia y respuesta frente a la falta de agua.
- Origen de la especie, ya sea nativa o exótica.
- Posibles efectos sobre los ecosistemas.
- Capacidad de adaptación a las condiciones urbanas.
- Exposición a altas temperaturas.
- Contaminación y otros factores de estrés.
Esta información podría servir como herramienta de análisis para las entidades encargadas de la planificación, selección y plantación del arbolado.
También puede ser útil para propietarios y ciudadanos que tienen árboles frente a sus viviendas y necesitan identificar cuáles podrían requerir mayor atención durante periodos secos.
Una decisión que va más allá de plantar más árboles
El estudio pone sobre la mesa una discusión que será cada vez más importante para las ciudades: no basta con aumentar la cantidad de árboles; también importa seleccionar adecuadamente las especies y conocer sus necesidades.
Una inversión en infraestructura verde requiere planificación, mantenimiento y seguimiento.
Para Bogotá, conocer qué especies tienen mayor vulnerabilidad ante la falta de agua puede ayudar a anticipar riesgos y orientar estrategias de manejo, especialmente si las condiciones climáticas futuras generan periodos de sequía más frecuentes o intensos.
Al mismo tiempo, los resultados muestran que la resistencia a la sequía debe analizarse junto con otros criterios ambientales.
Porque un árbol puede tolerar mejor la falta de agua y, aun así, generar impactos que deben ser considerados antes de incorporarlo a determinados ecosistemas.



















