Más de 664.000 metros cúbicos de sedimentos ya fueron retirados del embalse de El Neusa. La cifra representa un avance físico del 45,8 % en la primera fase de una intervención que busca recuperar capacidad de almacenamiento y fortalecer la seguridad hídrica de Bogotá y varios municipios de Cundinamarca.
La dimensión de la obra puede resultar difícil de imaginar. El volumen extraído equivale, aproximadamente, al contenido de 260 piscinas olímpicas.
Pero detrás de esa cifra hay algo más importante: una estrategia que combina maquinaria, inversión en infraestructura y soluciones naturales para preparar el territorio frente a periodos de sequía y otros eventos asociados con la variabilidad climática.
El objetivo va mucho más allá de retirar sedimentos
La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) adelanta esta intervención en las veredas Páramo Bajo y Llano Grande, en el municipio de Tausa.
El proyecto contempla una inversión superior a $175.500 millones y busca recuperar parte de la capacidad del embalse, al tiempo que fortalece el ecosistema de bosque altoandino.
La intervención tiene implicaciones para municipios como Nemocón, Cogua y Zipaquirá, además de contribuir al fortalecimiento de los aportes al río Bogotá para la captación de agua en la planta de Tibitoc.
Según Alfred Ignacio Ballesteros, director general de la CAR, el avance de los trabajos demuestra que la infraestructura puede convertirse en una herramienta para mejorar la preparación del territorio ante eventos climáticos extremos.
La verdadera dimensión del proyecto, sin embargo, aparece cuando se observan sus diferentes componentes.
Una inversión que combina infraestructura y naturaleza
La estrategia no consiste únicamente en utilizar maquinaria para retirar material acumulado.
La CAR está incorporando Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN), un enfoque que busca complementar las obras de infraestructura tradicional con mecanismos capaces de aprovechar procesos ecológicos.
Entre las acciones previstas están las zonas de filtración que servirán como punto de partida para la construcción de biofiltros.
Estas estructuras vegetales permitirán tratar parte del agua proveniente de las áreas de disposición y contribuirán al control de sedimentos en el largo plazo.
El propósito es que el embalse no funcione solamente como un depósito de agua, sino como un sistema ambiental con mayor capacidad de respuesta ante las condiciones climáticas.
El dato que muestra la magnitud de la intervención
Al corte de agosto, el proyecto registra un avance físico del 45,8 %, con más de 664.000 metros cúbicos de sedimentos retirados.
Entre los principales resultados reportados se encuentran:
- 664.000 m³ de sedimentos extraídos.
- Un avance físico del 45,8 % en la Fase I.
- Un volumen equivalente a más de 260 piscinas olímpicas.
- Más de $175.500 millones de inversión.
- Cerca de 2.800 metros lineales de barreras flotantes instaladas.
- Implementación de zonas de filtración para los futuros biofiltros.
- Aprovechamiento del 100 % de los árboles de pino retirados.
- Acciones permanentes de monitoreo y rescate de fauna y flora.
Sin embargo, esto no es todo. Una parte importante del proyecto ocurre lejos de las cifras que normalmente dominan los titulares.
¿Qué ocurre con los árboles y la fauna?
Uno de los componentes ambientales de la obra está relacionado con los árboles de pino retirados de la zona.
Al tratarse de una especie exótica que puede alterar las dinámicas originales del ecosistema, la madera obtenida está siendo aprovechada en procesos de bioingeniería.
De esta manera, el material vegetal puede incorporarse a soluciones destinadas a estabilizar áreas y facilitar posteriormente la recuperación con especies nativas.
La restauración también busca generar condiciones favorables para el regreso y permanencia de fauna silvestre.
Paralelamente, equipos especializados realizan labores de monitoreo, traslado y rescate de especies presentes en las zonas intervenidas.
Barreras para evitar que el sedimento vuelva al agua
La operación también contempla medidas destinadas a reducir el impacto de los trabajos sobre el propio embalse.
Para ello ya fueron instalados cerca de 2.800 metros lineales de barreras flotantes, diseñadas para evitar la dispersión de sedimentos dentro del espejo de agua.
Este tipo de infraestructura funciona como una medida de control durante las actividades de extracción y hace parte de los protocolos de manejo ambiental establecidos para la intervención.
La apuesta es que la recuperación de capacidad del embalse no se traduzca en un problema adicional para la calidad del agua.
¿Por qué importa para Bogotá y la Sabana?
El Neusa forma parte de una infraestructura estratégica para la gestión del recurso hídrico regional.
Por eso, recuperar capacidad de almacenamiento tiene una relación directa con la preparación frente a escenarios en los que las condiciones climáticas reduzcan la disponibilidad de agua.
La intervención busca fortalecer esa capacidad mientras se desarrollan acciones de restauración y control ambiental.
En palabras del director de la CAR, la meta es que cada metro cúbico de sedimento retirado contribuya a mejorar la seguridad hídrica de los municipios vinculados al sistema.
Recomendados:
El Neusa como parte de una estrategia climática más amplia
La intervención hace parte de la Ruta de Preparación Climática de la CAR, que plantea combinar infraestructura pesada con soluciones ambientales para aumentar la resiliencia del territorio.
El concepto adquiere especial importancia en un escenario donde la planificación del agua exige considerar tanto periodos de abundancia como posibles temporadas de déficit.
En ese contexto, la capacidad de almacenamiento, el control de sedimentos, la restauración ecológica y el monitoreo ambiental se convierten en piezas de una misma estrategia.
El proyecto continúa avanzando y, con él, una de las intervenciones de mayor escala para fortalecer la infraestructura hídrica de Cundinamarca.
La evolución de los trabajos permitirá determinar cómo estas inversiones terminan traduciéndose en mayor capacidad de almacenamiento, protección ambiental y preparación frente a la variabilidad climática.
Si este tipo de obras puede influir en la seguridad del agua de la región, vale la pena conocer qué está ocurriendo con ellas. Comparta esta información y deje su opinión sobre la importancia de proteger las reservas hídricas de Cundinamarca.













