Lo que comenzó como una experiencia educativa terminó convirtiéndose en algo mucho más grande: estudiantes de colegios públicos aprendiendo a investigar problemas que forman parte de su propia realidad.
Y Cundinamarca aparece entre los territorios donde estos procesos dejaron resultados que todavía continúan. En Mosquera permanecen activos 17 proyectos de investigación desarrollados por semilleros escolares, mientras que en Guatavita continúan funcionando 38 semilleros.
Pero esto no es todo. Durante tres años, más de 8.000 estudiantes de siete regiones del país participaron en una iniciativa que llevó la investigación hasta las aulas y convirtió la curiosidad de niños y jóvenes en proyectos relacionados con tecnología, ambiente, biodiversidad, salud, cultura y saberes tradicionales.
Cundinamarca mantiene activos sus semilleros de investigación
Uno de los resultados que deja esta experiencia se encuentra en Mosquera, Cundinamarca, donde 17 proyectos de investigación desarrollados en semilleros escolares continúan activos.
De acuerdo con Hilda Monroy Tovar, funcionaria de la Secretaría de Educación de la Alcaldía de Mosquera, estos espacios han permitido que niños y jóvenes mantengan el interés por investigar situaciones presentes en su entorno.
En Guatavita también permanecen 38 semilleros de investigación, una muestra de que el trabajo desarrollado durante el proyecto no necesariamente termina con el cierre de la iniciativa.
La verdadera importancia está precisamente ahí: conseguir que investigar deje de ser una actividad asociada únicamente con la universidad y empiece mucho antes.
Más de 8.000 estudiantes aprendieron a investigar desde sus colegios
Durante tres años, estudiantes de instituciones educativas oficiales de Amazonas, Arauca, Atlántico, Caldas, Cundinamarca, Tolima y Valle del Cauca participaron en FuturaMente.
La iniciativa fue acompañada por docentes y por la Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales, con el propósito de crear y consolidar semilleros de investigación en colegios públicos.
El proyecto fue liderado por la profesora Elisabeth Restrepo Parra y ejecutado por el Laboratorio de Física del Plasma y el Centro de Desarrollo Tecnológico INNterfaz de la Sede Manizales.
Daniel Alejandro Pineda Hernández, docente de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNAL Sede Manizales y director técnico de FuturaMente, explicó que el objetivo era formar futuros investigadores.
Pero había una diferencia importante: los estudiantes no recibieron simplemente un tema para investigar.
La metodología partió de sus propias inquietudes y de las necesidades identificadas en cada territorio.
De una inquietud cotidiana a un proyecto de investigación
El proceso seguía una lógica sencilla, pero con un potencial considerable: observar el entorno, identificar un problema, formular preguntas y buscar alternativas para comprenderlo o aportar soluciones.
De esta manera, los estudiantes pudieron relacionar el conocimiento adquirido en el aula con situaciones que conocían directamente.
Entre los resultados desarrollados durante el proceso se encuentran:
- Un jabón elaborado con extracto de neem en el Atlántico.
- Una lámina dental biodegradable producida a partir de pectina de cáscaras de naranja en el Valle del Cauca.
- Proyectos de identificación y conservación de aves en una institución rural del Tolima.
- Documentación escrita de saberes ancestrales en el Amazonas.
- Semilleros de investigación que continúan activos en diferentes municipios.
- Procesos de formación para docentes interesados en liderar investigación escolar.
La diversidad de estos proyectos demuestra que investigar no necesariamente significa trabajar únicamente con laboratorios o equipos especializados.
También puede comenzar con una pregunta relacionada con el ambiente, la cultura, la biodiversidad o las necesidades de una comunidad.
El papel de la tecnología también fue determinante
Sin embargo, llevar la investigación a todos los territorios implicó superar obstáculos que van más allá de la metodología educativa.
En Amazonas, por ejemplo, la conectividad representaba una de las principales dificultades para que los docentes pudieran participar en los procesos de formación.
Como alternativa, el proyecto entregó kits con antenas Starlink, baterías y computadores.
Según Pineda, esta solución permitió que cerca de 60 docentes de Amazonas pudieran certificarse en el diplomado Maestro de Maestros.
Aquí aparece otro aspecto relevante: la inversión en tecnología puede convertirse en una herramienta educativa cuando responde a una necesidad concreta del territorio.
842 docentes también participaron en el proceso
FuturaMente no estuvo dirigido únicamente a los estudiantes.
En total, 842 docentes participaron en los procesos de formación y recibieron herramientas para formular proyectos, crear semilleros y promover el trabajo colaborativo.
Como parte de la iniciativa se desarrolló el diplomado Maestro de Maestros.
De los participantes, 428 docentes obtuvieron la certificación, lo que les permitió contar con herramientas para continuar liderando procesos de investigación escolar en sus instituciones.
La apuesta, por tanto, no se limitó a financiar o desarrollar proyectos durante un periodo determinado.
El objetivo también fue dejar capacidad instalada para que profesores y estudiantes pudieran continuar investigando después de la terminación oficial del programa.
Otros colegios también mantienen procesos activos
Los resultados no se concentran exclusivamente en Cundinamarca.
En una institución educativa del Atlántico se consolidaron 14 semilleros, con cerca de 2.300 estudiantes participantes.
En Caldas se conformaron 70 semilleros, de los cuales 60 funcionan en instituciones rurales y 10 en centros de desarrollo infantil.
El encuentro nacional de cierre de FuturaMente permitió conocer parte de estas experiencias y evidenciar cómo una misma metodología puede producir investigaciones completamente diferentes dependiendo de las características de cada territorio.
Y hay un dato que resume la dimensión generacional del proyecto.
Antonela, una niña de apenas cuatro años, participó en el encuentro para presentar el experimento que desarrolló junto con su semillero.
¿Qué queda después del cierre de FuturaMente?
El principal desafío ahora es evitar que los semilleros desaparezcan una vez finalizado oficialmente el proyecto.
En municipios donde estudiantes y docentes ya encontraron una metodología para investigar, mantener estos espacios puede significar conservar una herramienta de aprendizaje que conecta directamente la educación con las necesidades locales.
En Cundinamarca, los casos de Mosquera y Guatavita muestran que existe interés por mantener estos procesos.
La experiencia también deja una pregunta abierta: ¿cuántas soluciones o nuevas ideas podrían surgir si más colegios tuvieran acceso a formación, tecnología y acompañamiento para investigar los problemas de sus propios territorios?
El futuro de estos semilleros dependerá ahora de la capacidad de las instituciones educativas y las comunidades para mantenerlos funcionando.
Y quizá esa sea la parte más importante de la experiencia: que una pregunta formulada por un estudiante no termine con el proyecto, sino que pueda convertirse en el comienzo de una nueva investigación.













