El anuncio del presidente de Ecuador, Daniel Noboa, de imponer un arancel del 30 % a las importaciones provenientes de Colombia ha encendido las alarmas en varias regiones del país, especialmente en Cundinamarca, donde el sector floricultor representa uno de los principales motores económicos, de empleo rural y de exportaciones no minero-energéticas.
La medida, que entrará en vigor a partir del 1 de febrero, fue justificada por el mandatario ecuatoriano como una “tasa de seguridad”, argumentando una falta de cooperación efectiva por parte de Colombia en la lucha contra el narcotráfico y la minería ilegal en la frontera común. Según Noboa, Ecuador ha asumido compromisos significativos, incluso con un déficit comercial superior a los 1.000 millones de dólares anuales, sin ver una respuesta equivalente.
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El sector floricultor de Cundinamarca, entre los más vulnerables
Cundinamarca es el corazón de la floricultura colombiana, concentrando una parte sustancial de la producción nacional que se exporta a mercados estratégicos de América y Europa. La imposición de este arancel representa un impacto directo sobre los costos, la competitividad y la estabilidad laboral de miles de familias que dependen de esta actividad.
La decisión del Gobierno ecuatoriano tendrá consecuencias inmediatas para los comerciantes y productores del departamento, especialmente en sectores basados en productos frescos y sin transformar, como las flores y otros bienes agropecuarios.
Riesgo para el empleo y la inversión en la región
El gobernador Rey subrayó que este tipo de medidas comerciales no solo afecta las cifras de exportación, sino que impacta directamente el empleo, la inversión y la estabilidad social, particularmente en zonas rurales de Cundinamarca donde la floricultura es la principal fuente de ingresos.
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En un contexto de desaceleración económica, el sector floricultor enfrenta ahora un nuevo desafío que podría reducir márgenes de ganancia, generar sobrecostos logísticos y obligar a replantear mercados de destino.




















