Colombia es uno de los países más biodiversos del planeta. Precisamente esa riqueza natural la ha convertido también en escenario de una lucrativa economía ilegal: el tráfico de fauna silvestre.
Detrás de cada loro, tortuga, primate o felino extraído de la naturaleza existe una cadena que puede comenzar en una selva, un río o una montaña y terminar a miles de kilómetros de distancia.
Y Bogotá ocupa un lugar estratégico dentro de esa cadena.
La conectividad aérea de la capital, especialmente a través del Aeropuerto Internacional El Dorado, convierte a la ciudad en uno de los principales puntos de salida de animales silvestres hacia diferentes destinos.
Pero hay una parte de esta historia que pocas veces se ve.
¿Qué ocurre con los animales después de ser incautados o rescatados?
La respuesta está en un centro especializado ubicado junto al aeropuerto, donde algunos llegan en condiciones que revelan hasta dónde puede llegar la intervención humana sobre una especie silvestre.
Bogotá ha recuperado más de 15.000 animales silvestres
Según cifras entregadas por la Secretaría Distrital de Ambiente, con corte a agosto de 2026, durante la administración de Carlos Fernando Galán se han recuperado 15.540 animales silvestres en Bogotá.
De ellos, 1.527 fueron identificados como víctimas del tráfico ilegal.
La recuperación, sin embargo, es apenas el primer paso.
Cada animal debe ser valorado para determinar si puede regresar a su hábitat, necesita un proceso prolongado de rehabilitación o debe permanecer bajo cuidado humano.
“Nuestro trabajo no termina al rescatarlos”, explicó Adriana Soto, secretaria distrital de Ambiente.
De acuerdo con la funcionaria, 8.315 animales han regresado a la vida silvestre y 255 fueron reubicados en Bioparques.
La prioridad, explicó, no consiste simplemente en liberar al animal lo más rápido posible, sino en determinar si realmente tiene posibilidades de sobrevivir por sí mismo.
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El hospital donde los animales intentan recuperar su naturaleza
El Centro de Atención, Valoración y Rehabilitación de Fauna Silvestre se encuentra cerca del aeropuerto y funciona como uno de los principales puntos de atención para animales encontrados, incautados o rescatados en Bogotá y sus alrededores.
En la práctica, funciona como un hospital público para fauna.
Su infraestructura permite atender animales de diferentes especies y cuenta con capacidad para albergar hasta 2.000 ejemplares.
Entre sus recursos se encuentran:
- Salas de cirugía especializada.
- Equipos de anestesia inhalada.
- Ecógrafos.
- Endoscopios.
- Bisturí eléctrico.
- Equipos para electrocardiogramas.
- Centro de neonatos.
- Áreas de hospitalización.
- Zonas de cuarentena.
Pero disponer de tecnología e infraestructura no significa que todos los animales puedan regresar a la naturaleza.
Y ahí aparece uno de los problemas más difíciles de resolver.
Algunos animales ya no saben cómo vivir en libertad
El impacto del tráfico puede ser mucho más profundo que una herida física.
Hay animales que llegan al centro después de haber pasado meses o años dependiendo de las personas.
Algunos primates, por ejemplo, terminan asociando a los seres humanos con alimento. Cuando ven a una persona, extienden la mano esperando recibir comida porque nunca desarrollaron correctamente la capacidad de buscarla por sí mismos.
También llegan loros que han aprendido canciones populares.
En otros casos, las consecuencias son todavía más graves: aves que deben ser anestesiadas porque presentan lesiones severas en el pico como consecuencia de las condiciones en las que fueron transportadas.
Las tortugas morrocoy pueden presentar piramidismo, una alteración del caparazón asociada, entre otros factores, con problemas nutricionales.
Y existen casos de felinos mantenidos ilegalmente como mascotas que han sufrido graves consecuencias derivadas del encierro y una alimentación inadecuada.
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El objetivo es que vuelvan a ser animales silvestres
Por eso el proceso de rehabilitación tiene una particularidad que puede resultar sorprendente.
Los cuidadores procuran reducir al mínimo la interacción innecesaria con los animales.
No se busca crear un vínculo afectivo.
No se les trata como mascotas.
En muchos casos tampoco se les asignan nombres.
La razón es sencilla: si el objetivo final es una eventual reintroducción, el animal debe conservar o recuperar comportamientos propios de su especie.
Una excesiva familiaridad con las personas puede convertirse precisamente en un obstáculo para regresar a la naturaleza.
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El dinero también determina cuántos animales pueden ser rehabilitados
Rescatar fauna silvestre requiere mucho más que realizar un operativo.
Cada animal necesita alimentación, medicamentos, atención veterinaria, infraestructura, cuarentena y seguimiento.
Ángela Romero, subdirectora de Flora y Fauna Silvestre de la Secretaría de Ambiente de Bogotá, señaló que la actual administración aseguró $13.900 millones para operar hasta 2027.
Sin embargo, advirtió que los cambios de administración pueden modificar las asignaciones presupuestales.
El punto es particularmente relevante porque la rehabilitación no puede detenerse.
“Los animales igual comen todos los días, necesitan atención todos los días, medicamentos todos los días”, explicó Romero.
En otras palabras, la recuperación de un animal no funciona como un gasto puntual. Es un proceso que puede requerir recursos durante meses o incluso años.
El problema cambia según la región de Colombia
Bogotá cuenta con una infraestructura que permite atender una parte importante de los animales recuperados.
Pero esa capacidad no representa la realidad de todo el país.
De acuerdo con la información suministrada, los principales departamentos de origen incluyen Antioquia, la Costa Atlántica y la Amazonía, aunque las especies y modalidades de tráfico varían según la biodiversidad de cada región.
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¿Qué especies son más afectadas?
Entre los principales patrones señalados se encuentran:
- Antioquia: especial afectación por el tráfico de aves.
- Costa Atlántica: tráfico de pieles, mamíferos y huevos de reptiles.
- Amazonía: presencia de diferentes modalidades debido a su enorme biodiversidad.
La situación también expone una desigualdad en materia de infraestructura.
Mientras Bogotá cuenta con un centro especializado y recursos tecnológicos, otras regiones enfrentan importantes limitaciones.
En Cartagena, por ejemplo, el centro de rescate continúa funcionando en un espacio pequeño y presenta un atraso estimado de hasta 15 años asociado a la falta de recursos económicos.
Una economía ilegal que se conecta con otros delitos
Determinar cuánto dinero mueve exactamente el tráfico ilegal de fauna silvestre en Colombia no es sencillo.
Sin embargo, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estima que el comercio ilegal de vida silvestre puede generar hasta US$23.000 millones al año a nivel mundial.
El organismo lo ubica entre los delitos transnacionales más lucrativos.
La Dijín, por su parte, ha identificado destinos internacionales vinculados con este delito. Entre los mencionados aparecen Finlandia, Estados Unidos, México, República Dominicana y Nueva Zelanda, de acuerdo con el continente.
La dimensión económica ayuda a entender por qué la extracción de un animal no debe verse como un hecho aislado.
Detrás pueden existir redes que participan simultáneamente en diferentes actividades criminales.
Comprar un animal silvestre también mantiene activa la cadena
La legislación colombiana establece sanciones para quienes trafiquen, adquieran o comercialicen fauna silvestre.
Según la información suministrada, estas conductas pueden implicar penas de 60 a 135 meses de prisión y multas de 300 a 40.000 salarios mínimos mensuales legales vigentes.
Pero existe una herramienta que no depende exclusivamente de las autoridades: evitar la demanda.
La discusión, entonces, no termina en el traficante.
También alcanza a quien decide pagar por un animal que pertenece a un ecosistema y no a un hogar.




















