Conservar los recursos naturales suele verse como una responsabilidad ambiental, pero en Tabio la estrategia está tomando otra dimensión: 13 familias recibirán recursos económicos por proteger áreas naturales y fuentes de agua.
La iniciativa hace parte del programa de Pagos por Servicios Ambientales (PSA) y dispone de un presupuesto de $45 millones para esta primera etapa.
El objetivo es concreto: proteger 22 hectáreas y ocho nacederos ubicados en el sector Llano Grande, en la cuenca baja del río Frío.
Y detrás de la inversión hay una apuesta que puede tener efectos más allá de las familias beneficiadas: proteger hoy las fuentes hídricas para reducir riesgos ambientales y preservar el recurso que necesitan las comunidades.
¿Cómo funcionará el proyecto en Tabio?
El programa vincula directamente a las familias que habitan y desarrollan actividades en las zonas donde se encuentran los ecosistemas estratégicos.
A través de los acuerdos de Pagos por Servicios Ambientales, los propietarios o habitantes vinculados reciben un reconocimiento económico a cambio de realizar acciones orientadas a la conservación.
En este caso, 13 familias del sector Llano Grande participan en la primera etapa.
La intervención contempla la protección de 22 hectáreas, además de ocho nacederos considerados relevantes para la conservación hídrica de la zona.
Una inversión enfocada en las fuentes de agua
Los $45 millones destinados al proyecto no corresponden únicamente a una inversión ambiental.
También representan una estrategia para involucrar a las comunidades locales en la protección de un recurso que tiene valor económico, social y ambiental: el agua.
Según explicó la Secretaría de Ambiente, Asuntos Agropecuarios y Bienestar Animal durante la entrega, el proyecto busca fortalecer la protección hídrica de la cuenca baja del río Frío y conservar los nacederos ubicados en el área.
La verdadera apuesta: que conservar también genere ingresos
Uno de los elementos más llamativos del proyecto es que cambia la relación tradicional entre conservación y economía.
En lugar de separar la actividad productiva de la protección ambiental, el modelo busca que las comunidades tengan un incentivo económico para mantener en buenas condiciones determinados ecosistemas.
La idea también puede contribuir al ahorro de recursos a largo plazo, especialmente cuando se trata de proteger zonas estratégicas para el abastecimiento y regulación del agua.
Sin embargo, esto no es todo.
El programa también plantea una alternativa de participación comunitaria en la gestión ambiental, con acompañamiento de diferentes entidades.
Cundinamarca busca ampliar el modelo de conservación
La iniciativa cuenta con la participación de la Corporación de Aguas Somos y la Secretaría de Bienestar Verde de la Gobernación, entidades que acompañan el proceso y el reconocimiento dirigido a las familias vinculadas.
Durante la entrega, Diego Cárdenas Chala, secretario de Bienestar Verde, destacó el componente comunitario de la estrategia.
“Con estos acuerdos garantizamos conservación, vinculando a nuestras comunidades que son las ejecutoras de estos proyectos”, señaló el funcionario.
La estrategia también contempla la articulación entre las administraciones municipales y las entidades departamentales.
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¿Por qué importa proteger los nacederos?
Los nacederos cumplen un papel fundamental dentro de los sistemas hídricos porque contribuyen al nacimiento y regulación de las corrientes de agua.
Su conservación ayuda a mantener las condiciones naturales de los ecosistemas asociados y puede contribuir a la protección de la disponibilidad hídrica.
Por eso, la protección de ocho nacederos en Tabio representa una intervención que va más allá de las 22 hectáreas contempladas inicialmente.
Un modelo que pone precio al cuidado de los recursos naturales
La frase utilizada por la Secretaría de Bienestar Verde resume la filosofía detrás de este tipo de iniciativas: “En Cundinamarca, conservar sí paga”.
El reto estará ahora en mantener los acuerdos, verificar los resultados de conservación y determinar cómo este tipo de mecanismos puede continuar beneficiando a más comunidades.
Para las familias de Llano Grande, el proyecto supone un reconocimiento económico por una tarea que también tiene impacto colectivo: conservar las fuentes de agua de su territorio.
Y para Tabio, la iniciativa abre una discusión cada vez más relevante: ¿puede la protección de los recursos naturales convertirse también en una estrategia de desarrollo para las comunidades rurales?
La respuesta dependerá de los resultados que produzcan estos acuerdos y de su continuidad en el tiempo.













