La infraestructura deportiva de Zipaquirá ha dado un salto cualitativo sin precedentes, pero el camino hacia el pitazo inicial parece haber encontrado un obstáculo administrativo en el último tramo. Lo que debería ser una fiesta de inauguración para el deporte local, se mantiene hoy en una tensa calma mientras los ciudadanos observan, desde la reja, una inversión de 36 mil millones de pesos que ya luce su mejor cara, pero permanece en penumbras.
Recientemente, el Concejo Municipal realizó una visita técnica para verificar los avances de esta megaobra. La jornada, que contó con la presencia de la Secretaría de Obras Públicas y el Instituto de Cultura, Recreación y Deporte de Zipaquirá (IMCRDZ), dejó una conclusión agridulce: el estadio está listo en su estructura, pero su corazón eléctrico sigue desconectado.
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El informe técnico: una obra civil a término
La Arquitecta Sandra Milena Atuesta, Secretaria de Obras Públicas, fue la encargada de guiar el recorrido, detallando minuciosamente cada rincón del escenario. Según el informe técnico socializado ante los cabildantes, las áreas administrativas, los camerinos, la gramilla y las graderías han cumplido con los cronogramas de ejecución.
La calidad de los acabados y la modernización de los espacios sugieren un escenario de alto rendimiento. Sin embargo, el elefante en la habitación durante la inspección fue el trámite ante la empresa Enel. A pesar de que la infraestructura civil está culminada, el proceso de energización del escenario se encuentra en fase de gestión, lo que impide, por ahora, el uso funcional de las torres de iluminación y los sistemas internos.
Más allá del cemento: el reto de la sostenibilidad operativa
Si bien la culminación de la obra es un hito para la administración municipal, la concejala Daniela Bastidas, puso sobre la mesa el debate que realmente importa a la ciudadanía: la vida útil y el modelo de gestión del estadio. Un complejo de esta magnitud no se sostiene únicamente con el entusiasmo de los deportistas.
Surgen entonces interrogantes: ¿Cómo se va a administrar este activo público? La experiencia en otras ciudades de Cundinamarca demuestra que sin un plan de sostenibilidad financiera robusto, estos escenarios pueden convertirse en focos de deterioro. El mantenimiento de la gramilla técnica, la seguridad y el personal administrativo requieren un flujo de caja constante que no puede depender exclusivamente del erario municipal a largo plazo.
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¿Un estadio para todos o para unos pocos?
La cabildante también resalta los zipaquireños han financiado indirectamente esta obra con sus impuestos, demanda democratización en el acceso. Durante la socialización de los espacios, quedó claro que clubes y ligas locales tendrán prioridad, pero el ciudadano de a pie se pregunta si habrá franjas de uso público o si el modelo de concesión —en caso de aplicarse— limitará el ingreso por costos de alquiler.
La transparencia en la asignación de horarios y la creación de una "hoja de ruta" operativa son urgentes. No basta con entregar ladrillos y concreto; es imperativo entregar un servicio social eficiente. La planificación debe ir un paso adelante de la construcción, y en Zipaquirá, el debate sobre el uso del suelo deportivo apenas comienza.
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El futuro del encuentro ciudadano
El Estadio Municipal está proyectado como el epicentro del encuentro ciudadano. Con la finalización de la obra civil, la ciudad gana un hito arquitectónico, pero pierde tiempo valioso en cada día que pasa sin ser utilizado. La presión ahora recae sobre la gestión administrativa para agilizar la conexión eléctrica y, simultáneamente, presentar el modelo de negocio y operación que regirá el escenario.
Zipaquirá tiene en sus manos una herramienta poderosa para el fortalecimiento del tejido social. El éxito de esta inversión de 36 mil millones no se medirá por la estética de sus tribunas, sino por la cantidad de jóvenes que encuentren en sus canchas una alternativa de vida y por la capacidad de la ciudad para mantener esta joya reluciente a través de las décadas.













