El municipio emblemático de la Sabana de Bogotá vive un crecimiento urbano acelerado sobre franjas de protección hídrica y antiguos suelos agrícolas, respaldado por un Plan de Ordenamiento Territorial (POT) que no ha sido actualizado en más de diez años.
Este desfase entre la planeación y la gestión ambiental ha generado una pérdida de más del 30 % del agua tratada en redes obsoletas, mientras las aguas residuales se descargan sin tratamiento al río Bogotá, en medio de un auge inmobiliario que sobrepasa la capacidad hídrica del territorio.
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Una investigación del magíster en Gobierno Urbano de la Universidad Nacional de Colombia, Juan Sebastián Fonseca, revela que las modificaciones al POT de Zipaquirá en las zonas de transición rural-urbana duplicaron el índice de ocupación de suelo del 20 al 40 %, abriendo paso a urbanizaciones sobre áreas que antes regulaban la expansión hacia ecosistemas sensibles.
“La ciudad sigue patrones históricos de segregación socioespacial que vienen desde la colonia y que hoy se traducen en urbanizaciones sobre suelos agrícolas y rondas hídricas”, explica Fonseca.
En el noroccidente del municipio, proyectos de vivienda VIS y VIP se levantan sobre las quebradas El Molino y El Amoladero, reemplazando franjas verdes por edificaciones de hasta 12 pisos. El resultado: pérdida de ecosistemas, presión sobre los cuerpos de agua y fragmentación social.
Más del 30 % del agua tratada se pierde y las aguas residuales se vierten al río Bogotá.
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El agua, sin voz en la planeación
El sistema de acueducto de Zipaquirá depende de una planta regional compartida con Nemocón y Cogua. Las fugas en la red —que superan los límites legales— y un Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado de 2011 sin ejecutar agravan la crisis. Mientras los barrios tradicionales sufren cortes de agua, los nuevos conjuntos residenciales reciben prioridad.
Además, la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) actual es insuficiente: rebosa en época de lluvias y descarga directamente al río Bogotá, incrementando la contaminación.
Una torre de Babel institucional
El POT de Zipaquirá, expedido en 2000 y apenas modificado en 2003 y 2013, debía revisarse estructuralmente en 2012. Sin embargo, no se ha hecho. Hoy opera desactualizado, sin incorporar resoluciones de la CAR, el Ministerio de Ambiente o fallos judiciales sobre el saneamiento del río Bogotá.
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“La falta de articulación entre niveles institucionales ha creado una torre de Babel normativa que favorece decisiones discrecionales”, advierte Fonseca.
Ciudadanía que defiende el agua
¿Qué está pasando con el futuro hídrico de la región? | Fotografía: Quebrada el Amoladero
En medio de la crisis, comunidades locales han surgido como defensoras del territorio. Habitantes de la quebrada El Amoladero han organizado procesos de protección y restauración hídrica, recordando que el agua no es solo un recurso, sino un actor territorial que da forma a la vida, la cultura y la historia.
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La investigación concluye que sin actualizar los POT ni reconocer el papel central del agua, municipios como Zipaquirá seguirán repitiendo un modelo urbano que erosiona ecosistemas y debilita su identidad.
***Fuente: Prensa UNAL
















