El altiplano cundiboyacense está a punto de escuchar, después de décadas de silencio y maleza sobre las vías, el silbato de una modernización necesaria. No es solo nostalgia ferroviaria; es una apuesta de infraestructura que busca sacudir la logística del centro del país. La Financiera de Desarrollo Nacional (FDN) ha dado el paso definitivo al abrir el proceso de contratación para los estudios de prefactibilidad del ambicioso Tren de Boyacá, un proyecto que promete redibujar la conexión con Cundinamarca.
Una inversión de $10.500 millones para trazar el futuro
Documentos estratégicos revelados recientemente confirman que la hoja de ruta ya tiene presupuesto asignado. El contrato de consultoría técnica asciende a los $10.500 millones de pesos, una cifra que cubrirá desde los análisis de mercado hasta los diseños conceptuales. No se trata de un simple "remiendo" a las vías viejas, sino de una evaluación técnica, financiera y operativa profunda para determinar cómo este corredor de 230 kilómetros puede integrarse a la economía del siglo XXI.
El trazado no es caprichoso. Conecta el punto estratégico de La Caro (Cundinamarca), a las puertas de Bogotá, con Belencito (Boyacá). Este corredor ha sido históricamente el cordón umbilical de la carga industrial y minera, pero la meta ahora es mucho más ambiciosa: un sistema multimodal que contemple tanto mercancías como pasajeros.
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¿Por qué Cundinamarca y Boyacá necesitan este tren?
La dependencia absoluta del transporte por carretera ha pasado factura a la competitividad regional. Los costos logísticos y los tiempos de desplazamiento entre ambos departamentos han frenado el potencial de sectores clave como la agricultura, el comercio y la industria pesada.
Con la reactivación del tren, se busca:
- Descongestionar las vías principales: Aliviar el flujo de carga pesada en las carreteras troncales.
- Reducción de costos: El transporte férreo es, por naturaleza, más eficiente para grandes volúmenes.
- Integración territorial: Facilitar el movimiento de personas entre las provincias de Boyacá y la sabana de Cundinamarca.
El cronograma: ¿Qué pasará en 2026?
Si usted se pregunta cuándo veremos máquinas en movimiento, la respuesta reside en la rigurosidad de los estudios que arrancan ahora. Según el cronograma oficial, el 2026 será el año de la prefactibilidad.
Durante este periodo, los consultores realizarán la "debida diligencia técnica". Esto incluye identificar el potencial real de demanda (cuánta gente y cuánta carga se movería realmente) y comparar las alternativas de desarrollo. Una vez se elija la opción más viable, se entregará la "hoja de ruta" que definirá si el proyecto pasa a la fase de factibilidad y, posteriormente, a la licitación de obra.
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Más que rieles, un modelo de negocio
La consultoría no solo entregará planos de ingeniería. Su labor será fundamental para nutrir a los equipos legales y financieros. El objetivo es diseñar un modelo institucional sólido que permita saber si el Tren de Boyacá será una Alianza Público-Privada (APP) o bajo qué esquema de ejecución se le dará vida.
El centro de Colombia vuelve a mirar a los rieles como el motor de su desarrollo, conectando el corazón industrial de Boyacá con la fuerza logística de Cundinamarca.













