Suesca está viviendo una transformación que va mucho más allá de construir aulas. Estudiantes, docentes, familias y voluntarios se reúnen en una nueva jornada de trabajo comunitario para darle forma a la primera escuela rural sustentable de Cundinamarca, un proyecto que ya alcanza cerca del 80 % de ejecución.
La iniciativa busca convertir la institución educativa en un espacio donde aprender no signifique únicamente estar dentro de un salón. La huerta, la granja, la siembra, el arte y las experiencias sensoriales hacen parte de una propuesta que conecta educación, sostenibilidad y territorio.
Y mientras la obra entra en su etapa final, la comunidad también está poniendo literalmente las manos en el proyecto.

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Una escuela que se construye con la comunidad
Esta es la segunda jornada de voluntariado realizada en la institución educativa de Suesca. Durante la actividad se adelantan diferentes trabajos destinados a mejorar tanto el entorno físico como las experiencias que tendrán los estudiantes.
Entre las labores programadas están la siembra de eugenias, la adecuación de la granja y la huerta, además de la instalación de una pared de lajas y un cerramiento en malla.
Sin embargo, esto no es todo.
La cancha múltiple también tendrá una transformación mediante una intervención de muralismo, mientras que los estudiantes podrán participar en una experiencia de estimulación sensorial basada en aromas.
La idea es que cada espacio tenga una función dentro del proceso educativo y que los estudiantes puedan relacionarse de manera más directa con la naturaleza y su entorno.
Del cemento a las experiencias de aprendizaje
El proyecto plantea una visión diferente de la infraestructura educativa rural.
Más que concentrarse únicamente en construir o adecuar espacios, la propuesta busca que estos se conviertan en herramientas pedagógicas.
La huerta y la granja, por ejemplo, permiten acercar a los estudiantes a procesos de siembra, cuidado y producción. El arte aporta otra forma de expresión, mientras que las actividades sensoriales incorporan nuevas experiencias al aprendizaje.
De esta manera, la infraestructura deja de ser un escenario pasivo y comienza a formar parte de la experiencia educativa.

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Una inversión de $1.200 millones
La transformación de esta institución es posible gracias a una alianza entre CPL, la Fundación Red Conciencia Social y la comunidad educativa.
CPL destinó una inversión de $1.200 millones para el desarrollo del proyecto, una cifra que refleja la magnitud de la intervención y el objetivo de consolidar un modelo de infraestructura educativa con enfoque sostenible.
A esta inversión se suma el aporte de la Gobernación de Cundinamarca para mejorar la movilidad y seguridad dentro de la institución.
Un sendero para conectar los espacios
La Gobernación destinó $34.914.600 para adquirir los materiales necesarios para construir un sendero peatonal.
Esta obra permitirá mejorar la conexión entre los diferentes espacios de la institución y facilitar el desplazamiento de estudiantes y demás integrantes de la comunidad educativa.
El sendero también representa una intervención funcional: además de ordenar la circulación, busca ofrecer condiciones más seguras para quienes utilizan diariamente las instalaciones.
Los cambios que tendrá la institución
La intervención combina infraestructura, sostenibilidad y actividades educativas. Entre los principales componentes se encuentran:
- Siembra de eugenias para fortalecer las zonas verdes.
- Adecuación de la granja y la huerta como espacios de aprendizaje.
- Construcción de una pared de lajas.
- Instalación de cerramiento en malla.
- Construcción de un sendero peatonal para mejorar la circulación.
- Intervención artística de la cancha múltiple mediante muralismo.
- Experiencias de estimulación sensorial a través de aromas.
- Participación directa de estudiantes, docentes, familias, voluntarios y colaboradores.

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Se estima que más de 2.000 estudiantes se beneficiarán directamente de esta transformación.
La combinación de estos elementos busca generar un espacio educativo más conectado con el medioambiente y con las dinámicas propias de la zona rural.
El verdadero propósito: que los estudiantes hagan parte del cambio
Hay un elemento que diferencia esta iniciativa de una obra de infraestructura convencional: la comunidad participa directamente en su transformación.
Los voluntariados permiten que estudiantes, profesores, familias y colaboradores no sean simples usuarios de los nuevos espacios, sino protagonistas de su construcción y apropiación.
Esa participación puede ser determinante para que las adecuaciones tengan continuidad en el tiempo. Una huerta, una granja o una zona verde requieren cuidado permanente, y quienes participaron en su creación también pueden desarrollar un mayor sentido de pertenencia.
La apuesta, por tanto, no termina cuando finalicen las obras.
El objetivo es que los nuevos espacios sigan funcionando como escenarios para aprender, experimentar y comprender la importancia del cuidado del entorno.
Una escuela donde sembrar, crear, experimentar y cuidar el territorio también hacen parte de aprender.
Suesca apuesta por una educación rural diferente
Con cerca del 80 % de ejecución, el proyecto avanza hacia una etapa decisiva.
La infraestructura educativa se combina aquí con acciones de sostenibilidad, participación comunitaria y formación práctica, una fórmula que pretende ofrecer a los estudiantes nuevas alternativas para aprender y relacionarse con su territorio.
Más allá de los materiales, la inversión o las obras físicas, la transformación de esta escuela plantea una pregunta importante: ¿cómo deberían ser los colegios rurales del futuro?
En Suesca, la respuesta comienza a construirse entre aulas, huertas, árboles, murales y, sobre todo, con la participación de quienes hacen parte de la comunidad educativa.
Si esta experiencia logra consolidarse, podría convertirse también en un referente para futuras intervenciones de infraestructura educativa rural en Cundinamarca.
¿Qué sigue para el proyecto?
Con las obras en un nivel cercano al 80 % de ejecución, las siguientes etapas estarán enfocadas en completar las adecuaciones previstas y consolidar los espacios que harán parte de esta propuesta educativa.
La participación comunitaria será clave para mantener y aprovechar las nuevas instalaciones una vez concluida la intervención.
Una escuela puede cambiar cuando cambia su infraestructura, pero puede transformar realmente a una comunidad cuando sus estudiantes también hacen parte de ese cambio.
¿Considera que este modelo debería replicarse en otras escuelas rurales de Cundinamarca? La experiencia de Suesca deja abierta la conversación.
















