El silencio, ese viejo aliado de la impunidad en las redacciones, ha comenzado a resquebrajarse. Lo que en 2017 fue un terremoto global que derribó imperios en Hollywood, hoy aterriza en Colombia con una fuerza renovada, desnudando una realidad que durante décadas se susurró en los pasillos de los grandes medios: el acoso sexual como una moneda de cambio o un peaje para el ascenso profesional.
El detonante: Caracol Televisión y la ruptura del hermetismo
La calma habitual de la agenda informativa se rompió el pasado viernes 20 de marzo. Caracol Televisión, a través de un comunicado oficial, admitió la existencia de denuncias concretas contra dos de sus figuras más visibles: un presentador de noticias y otro del equipo de deportes. Aunque la compañía se ha amparado en la confidencialidad y el debido proceso, el retiro temporal de estos comunicadores de sus cargos habituales —notado de inmediato por la audiencia en la emisión central— confirmó que no se trata de un rumor de pasillo, sino de una crisis institucional sin precedentes.
Este anuncio no fue un hecho aislado, sino la primera ficha de un dominó que comenzó a caer con estruendo. La periodista Juanita Gómez, cuya trayectoria es referente para las nuevas generaciones, fue de las primeras en alzar la voz. Su testimonio no solo apuntó a un nombre, sino a un sistema: recordó cómo en 2015, bajo el manto de las "vacas sagradas", ciertas conductas eran normalizadas. Su mensaje fue una advertencia y un bálsamo para quienes hoy, 11 años después, han decidido no callar más.
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Relatos del horror: Entre oficinas cerradas y pasillos de pánico
Los testimonios que han emergido en las últimas 48 horas describen una atmósfera de terror sistemático. Una profesional, cuyo relato fue recogido inicialmente por Infobae, describió las oficinas del área de deportes como un "calvario absoluto". No se trataba de insinuaciones sutiles, sino de encerronas, besos forzados y la utilización del espacio físico como una herramienta de coacción.
"Me dijo: 'Aquí no hay cámaras que nos vean'. O sea, el man la tiene súper craneada", relata una de las víctimas, subrayando una premeditación que descarta cualquier teoría de "malentendido".
Lo más alarmante de estas revelaciones es la aparente inacción histórica. Denuncias que datan de 2023, presentadas formalmente ante las directivas, parecen haber dormido el sueño de los justos hasta que la presión social hizo insostenible el silencio. Según los testimonios, incluso cuando los propios victimarios "se echaron al agua" mencionando a otras víctimas, las consecuencias fueron nulas o insuficientes.
RTVC y la politización del acoso
El panorama se torna aún más complejo al mirar hacia la radio y televisión pública. Hollman Morris, director de RTVC, enfrenta un proceso judicial por presunto acoso sexual interpuesto por Lina Castillo. A esto se suma un comunicado reciente de 40 periodistas y abogadas que denuncian presiones indebidas contra quienes han osado señalar al funcionario. La intervención de figuras como Nórida Rodríguez, quien lamentó no haber podido proteger a las víctimas de "las garras del acosador", añade una capa de gravedad institucional que trasciende lo laboral para entrar en lo ético y lo penal.
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#YoTeCreoColega: Una red de protección necesaria
Ante lo que se percibe como una cultura de protección al victimario por su estatus de "estrella", un grupo de periodistas colombianas ha decidido pasar a la acción colectiva. Bajo la etiqueta #YoTeCreoColega, han habilitado canales de denuncia segura para centralizar los casos y ofrecer respaldo a quienes temen que sus carreras sean truncadas por denunciar.
El Ministerio del Trabajo ya ha anunciado inspecciones para verificar el cumplimiento de los protocolos de entornos seguros. Sin embargo, la pregunta que queda en el aire es si los medios de comunicación están dispuestos a realizar una cirugía de fondo o si estas medidas son simplemente un ejercicio de control de daños ante una audiencia que ya no tolera la doble moral.
El periodismo colombiano se enfrenta a su propio espejo. La transparencia que se exige a los políticos y empresarios debe empezar, por fin, casa adentro.













