Colombia podría estar preparando su salida de la Corte Penal Internacional (CPI) y del Estatuto de Roma. La versión fue revelada este martes 18 de agosto por el periodista Julio Sánchez Cristo, quien aseguró que fuentes consultadas desde La Haya dan por segura la decisión. Sin embargo, el procedimiento no sería inmediato y existen consecuencias jurídicas que podrían hacer de esta una de las decisiones internacionales más delicadas para el país.
La información, por ahora, es extraoficial. No se ha presentado en las fuentes institucionales consultadas una notificación pública que confirme que Colombia haya iniciado formalmente el retiro.
Y ese detalle cambia completamente el escenario.
¿Qué dijo Julio Sánchez Cristo sobre la salida de Colombia?
Durante la emisión de 6AM W, Julio Sánchez Cristo afirmó que, de acuerdo con fuentes consultadas desde la propia Corte Penal Internacional, en La Haya se estaría dando por segura la salida de Colombia del Estatuto de Roma.
El periodista relacionó esta posibilidad con las posiciones internacionales alrededor de Israel y los asentamientos israelíes en territorios palestinos.
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Según su explicación, existiría preocupación por una eventual cercanía entre decisiones o actuaciones relacionadas con Israel y organismos de defensa de ese país, en un contexto en el que la justicia internacional ha generado fuertes controversias.
Sánchez Cristo señaló que la eventual decisión colombiana sería todavía extraoficial y cuestionó cuáles serían las motivaciones del Gobierno para adoptar una medida de semejante alcance.
¿Colombia ya salió de la Corte Penal Internacional?
No. Al menos no de acuerdo con la información oficial disponible consultada para esta publicación.
Colombia ingresó al sistema del Estatuto de Roma en 2002. La entrada en vigor para el país ocurrió el 1 de noviembre de ese año.
Además, documentos oficiales de la propia CPI han identificado a Colombia como Estado parte del Estatuto de Roma y han registrado su participación en actuaciones relacionadas con la Corte.
Por eso, hablar de una salida ya consumada sería incorrecto.
Lo que existe hasta ahora es una versión periodística sobre una posible decisión.
La clave está en el artículo 127 del Estatuto de Roma
Aquí aparece uno de los puntos más importantes de la noticia.
Un país miembro no puede simplemente anunciar un día que abandona la Corte Penal Internacional y dejar de estar sujeto inmediatamente al tratado.
El artículo 127 del Estatuto de Roma establece que un Estado parte puede retirarse mediante una notificación escrita dirigida al secretario general de Naciones Unidas. Pero el retiro adquiere efectos un año después de recibida la notificación, salvo que el propio documento establezca una fecha posterior.
Esto significa que, incluso si Colombia decidiera formalmente iniciar el proceso, habría un periodo de transición.
Y ese periodo puede resultar determinante.
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¿Qué pasaría durante ese año?
El propio sistema jurídico de la CPI contempla que el retiro no borra las obligaciones adquiridas mientras el Estado todavía era parte del Estatuto.
Además, la jurisprudencia relacionada con el artículo 127 ha señalado que la Corte puede mantener competencia cuando esta haya sido activada antes de que el retiro se haga efectivo.
En otras palabras, salir del Estatuto de Roma no equivale a borrar automáticamente las investigaciones o responsabilidades que puedan estar dentro de la competencia de la Corte.
Este es precisamente uno de los elementos que podría convertir la eventual decisión en un asunto de enorme trascendencia jurídica.
El impacto que tendría para Colombia
La Corte Penal Internacional tiene una función complementaria frente a los sistemas judiciales nacionales. Su competencia se concentra en los crímenes internacionales más graves contemplados por el Estatuto de Roma.
En el caso colombiano, la relación con la CPI ha tenido especial importancia debido al conflicto armado y a los procesos de justicia transicional.
De hecho, Colombia ha mantenido durante años una relación institucional con el sistema del Estatuto de Roma y ha participado en mecanismos vinculados con la Corte.
Por eso, una eventual salida tendría efectos que irían mucho más allá de una decisión diplomática.
Entre los principales aspectos que entrarían en el debate están:
- Justicia transicional: impacto sobre el sistema colombiano de justicia para los crímenes más graves.
- JEP: discusión sobre los mecanismos internacionales de supervisión y complementariedad.
- Derechos de las víctimas: posibles cambios en las vías internacionales disponibles.
- Política exterior: modificación de la posición histórica de Colombia frente a la justicia penal internacional.
- Seguridad jurídica: necesidad de determinar qué actuaciones continuarían bajo competencia de la CPI.
- Relaciones internacionales: posibles repercusiones diplomáticas con otros Estados parte.
¿Qué tiene que ver la JEP con esta controversia?
Este es uno de los puntos que más llamó la atención en las declaraciones de Sánchez Cristo.
El periodista sostuvo que una eventual salida de Colombia podría ser celebrada por personas sometidas a procesos ante la Jurisdicción Especial para la Paz, particularmente integrantes de la antigua cúpula de las FARC.
Su argumento es que la Corte Penal Internacional funciona como un mecanismo externo dentro del principio de complementariedad: la justicia nacional tiene la responsabilidad primaria, pero la CPI puede intervenir en determinadas circunstancias previstas por el Estatuto.
Sin embargo, esto requiere una precisión.
La CPI no funciona simplemente como una instancia de apelación de las decisiones de la JEP.
Su competencia responde a las reglas del Estatuto de Roma y al principio de complementariedad, por lo que no se puede afirmar que cualquier persona inconforme con una decisión de la JEP pueda acudir automáticamente a La Haya.
La discusión real sería mucho más compleja y dependería de las circunstancias concretas de cada caso.
Sin embargo, esto no es todo: existe un riesgo durante el proceso
El propio Julio Sánchez Cristo introdujo una segunda versión en su reporte.
Según otra fuente diplomática citada por el periodista, el Gobierno no podría abandonar el Estatuto de Roma de manera inmediata y existiría un periodo durante el cual la Corte podría activar su competencia si se cumplen las condiciones jurídicas correspondientes.
Este punto coincide, en términos generales, con la estructura del artículo 127.
La retirada toma un año en hacerse efectiva y no elimina las obligaciones derivadas del periodo anterior.
Por eso, si Colombia llegara a presentar una notificación formal, el calendario jurídico sería tan importante como el anuncio político.
Una decisión que tendría consecuencias de largo plazo
La eventual salida también abriría una discusión sobre la política exterior colombiana.
Durante años, Colombia ha presentado su participación en el Estatuto de Roma como parte de su compromiso con la lucha contra la impunidad frente a los crímenes internacionales.
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En documentos oficiales, el Estado colombiano ha destacado precisamente ese compromiso con el sistema creado por el Estatuto de Roma.
Un cambio de posición, por tanto, supondría una ruptura significativa con esa trayectoria.
Pero antes de hablar de ruptura definitiva, falta conocer un elemento fundamental: si Colombia efectivamente presentó o presentará la notificación formal de retiro ante Naciones Unidas.
¿Qué debe pasar ahora?
La información divulgada este martes deja varias preguntas abiertas.
La principal es si el Gobierno colombiano confirmará o desmentirá la versión.
También será determinante establecer si existe una decisión formal, una instrucción diplomática o simplemente una evaluación interna de la posibilidad de abandonar el Estatuto.
Por ahora, la diferencia entre esos escenarios es enorme.
Colombia continúa siendo parte del Estatuto de Roma según la información institucional consultada, mientras la supuesta salida permanece como una versión extraoficial revelada por Julio Sánchez Cristo.
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La noticia, por tanto, no es que Colombia ya haya abandonado la Corte Penal Internacional.
La noticia es que se conoció una versión según la cual el país estaría preparando ese camino, una posibilidad que, de confirmarse, desencadenaría un complejo proceso jurídico y diplomático.
En las próximas horas, cualquier pronunciamiento de la Cancillería, la Presidencia o la propia Corte Penal Internacional podría cambiar sustancialmente el panorama.
Si esta información genera nuevas confirmaciones oficiales, el alcance de la decisión deberá analizarse a la luz del derecho internacional y de sus efectos sobre la justicia colombiana.
















