El Páramo de Guerrero no solo es una postal de niebla y frío; es, en esencia, una fábrica de agua suspendida en los Andes. Por ello, cuando el ecosistema es agredido, no se trata simplemente de un daño estético, sino de una herida directa a la seguridad hídrica de miles de personas. En un operativo reciente que evidencia la vulnerabilidad de estos entornos, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) logró interceptar un cargamento de paja nativa que había sido arrancado de las entrañas de la vereda Páramo Alto, en el municipio de Tausa.
Este golpe contra los delitos ambientales se gestó gracias al activo más valioso de la autoridad ambiental: la denuncia ciudadana. Un reporte interpuesto ante la dirección regional Ubaté puso en alerta a los técnicos, quienes se desplazaron hasta el complejo del Páramo de Guerrero para confirmar lo que muchos temían: el corte ilegal de Calamagrostis sp., una especie que, aunque a ojos inexpertos parece maleza, es el pilar de la regulación del ciclo del agua.
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El peso del daño: 23 manojos que silencian el ecosistema
Durante la diligencia, las autoridades hallaron 23 unidades de paja nativa cuidadosamente apiladas. Cada manojo, con un peso aproximado de 12 kilogramos, representaba un fragmento de suelo que ha perdido su capacidad de retención. En total, cerca de 276 kilogramos de cobertura vegetal fueron extraídos, alterando un equilibrio que a la naturaleza le toma décadas construir.
El material fue puesto bajo custodia inmediata, pero el daño en el terreno ya es un hecho. La extracción de estas coberturas vegetales no solo erosiona el suelo, sino que rompe la conectividad biológica del páramo. Para la CAR, este evento no quedará en un simple decomiso; la autoridad ha confirmado el inicio de un proceso sancionatorio administrativo contra los presuntos responsables, quienes podrían enfrentarse a multas económicas considerables y a la obligación de reparar el daño causado.
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¿Por qué la Calamagrostis sp. es vital para nuestra supervivencia?
Para comprender la magnitud de lo sucedido en Tausa, es necesario alejarse de la visión comercial del material. Julio César Sierra León, director regional de la CAR Ubaté, fue tajante al respecto: "La paja de páramo es una especie clave para la regulación hídrica y la estabilidad ecológica de estas áreas. Su extracción constituye un daño severo al ciclo del agua".
Esta planta actúa como una esponja natural. Su estructura permite capturar la humedad de la neblina y filtrarla lentamente hacia los acuíferos y quebradas que alimentan a los municipios de la provincia de Ubaté y sus alrededores. Sin esta paja, el agua corre por la superficie sin filtrarse, causando inundaciones en época de lluvias y una sequía extrema en los periodos de calor. El saqueo de esta flora es, literalmente, el robo del agua del futuro.
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La invitación de la autoridad ambiental es clara: la protección de los páramos es una responsabilidad compartida. Denunciar cualquier actividad sospechosa en estas zonas estratégicas no es un acto de delación, sino un acto de defensa propia en tiempos de crisis climática.













