Escapar del ruido de la ciudad no siempre implica hacer un viaje largo ni realizar una gran inversión. En Cundinamarca existen escenarios donde la naturaleza, la aventura y la historia se encuentran a pocas horas de Bogotá.
La propuesta va más allá de visitar un paisaje, tomar fotografías y regresar a casa. Las Aulas Ambientales Abiertas de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) ofrecen experiencias que combinan recreación, biodiversidad y educación ambiental.
Y hay opciones para distintos intereses: desde navegar en kayak y recorrer bosques durante la noche, hasta conocer uno de los escenarios asociados con la legendaria historia de El Dorado.
Cinco experiencias para desconectarse de la ciudad
La oferta de los parques CAR reúne alternativas para quienes buscan cambiar por unas horas el ritmo urbano por actividades al aire libre.
Sin embargo, esto no es todo. Una de las particularidades de estos espacios es que cada recorrido busca conectar al visitante con las características ambientales, culturales e históricas del territorio.
1. La Laguna del Cacique Guatavita y la búsqueda de El Dorado
Hay lugares que despiertan curiosidad incluso antes de llegar. La Laguna del Cacique Guatavita es uno de ellos.
Su relación con la leyenda de El Dorado convierte el recorrido en una experiencia que mezcla historia, cultura y naturaleza.
Pero el atractivo no está únicamente en la leyenda. El visitante también puede descubrir la riqueza natural de un ecosistema que hace parte del patrimonio ambiental de la región.
2. Una noche diferente en el embalse del Neusa
Cuando desaparece la luz del día, el paisaje del embalse del Neusa cambia por completo.
La experiencia denominada “Noche de Saberes” propone recorrer el bosque durante la noche y observar el entorno desde una perspectiva distinta.
El cielo estrellado y los sonidos de la vida silvestre convierten el recorrido en una alternativa para quienes buscan una experiencia diferente.
Además, existe la posibilidad de acampar o reservar una cabaña para permanecer dentro del Aula Ambiental Abierta.
Naturaleza, aprendizaje y actividades para compartir
La verdadera diferencia está en que estas experiencias no están planteadas únicamente como una alternativa de entretenimiento.
La educación ambiental forma parte de la propuesta y permite conocer la biodiversidad mientras se disfruta del territorio.
3. Un viaje al pasado en Juan Pablo II
En el Aula Ambiental Juan Pablo II, ubicada en el cerro Terebinto, en Chiquinquirá, el recorrido permite acercarse a la historia y biodiversidad de la zona.
El espacio conecta patrimonio natural y memoria regional, en un territorio reconocido por su importancia como pulmón verde.
Es una opción para quienes prefieren caminar, observar y conocer el lugar más allá de una visita turística convencional.
4. El Rally de la Tingua: aprender mientras se juega
La naturaleza también puede convertirse en un escenario para compartir en familia.
El Rally de la Tingua, en el parque Puente Sopó, propone una carrera de observación en la que los participantes conocen elementos de la biodiversidad mientras desarrollan diferentes actividades.
La propuesta busca que niños, jóvenes y adultos se acerquen al entorno de una manera dinámica.
Kayak y actividades náuticas para cambiar de escenario
Y aquí aparece una de las alternativas que más puede llamar la atención de quienes buscan actividades al aire libre.
Los embalses de El Neusa y El Hato cuentan con actividades náuticas de bajo impacto, entre ellas recorridos en lancha, kayak y paddle board.
La experiencia permite disfrutar del agua, observar el entorno y comprender que la recreación puede estar vinculada con el cuidado de los ecosistemas.
En otras palabras, no se trata solamente de elegir qué hacer durante una salida: también está la posibilidad de convertir el recorrido en una experiencia de aprendizaje.
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Para quienes están buscando alternativas de descanso, actividades familiares o experiencias diferentes cerca de Bogotá, la oferta abre una posibilidad que combina recreación y conocimiento.
La invitación, en últimas, es a mirar estos paisajes de otra manera: caminar, navegar, observar y aprender mientras se descubre qué hay detrás de cada ecosistema.
Porque algunos lugares no solo merecen ser visitados. También merecen ser conocidos.



















