La región de Gualivá, integrada por municipios como San Francisco, La Vega, Villeta y Sasaima, vive un acelerado fenómeno de suburbanización que, aunque es visto por muchos como un modelo de desarrollo, plantea serias preocupaciones ambientales y sociales a mediano y largo plazo.
Según un estudio de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), la subdivisión rápida de predios y el crecimiento de construcciones en áreas rurales están transformando de manera significativa el uso del suelo en la provincia.
Declaraciones de la CAR: alerta por cambios en el uso del suelo
Yoagen Díaz Fontecha, director de Ordenamiento, Ambiental y Territorial de la CAR, explicó que la creciente presión inmobiliaria ha impulsado proyectos residenciales y comerciales en terrenos tradicionalmente destinados a la agricultura y ganadería.
“Esto pone en riesgo tanto la función productiva como la sostenibilidad ambiental”, subrayó el funcionario.
La situación es especialmente crítica en áreas protegidas y ecosistemas estratégicos —páramos, reservas forestales y humedales—, donde ya se registran parcelaciones y construcciones que comprometen la biodiversidad y servicios esenciales como la regulación del agua.
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Un crecimiento sin planificación
El informe revela que la suburbanización no se limita a zonas productivas: también avanza sobre suelo rural, superando los límites que garantizan un equilibrio sostenible entre desarrollo y recursos naturales.
Entre los factores que alimentan este fenómeno, la CAR identifica:
- Brecha normativa por la desactualización de los Planes de Ordenamiento Territorial (POT).
- Débil control urbano, que permite usos indebidos del suelo.
- Infraestructura vial, que facilita la expansión de población y vivienda en zonas no planificadas.
Esto ha generado desequilibrios territoriales, ya que mientras la población y viviendas se dispersan en toda la región, el comercio y la industria tienden a concentrarse en pocos municipios.
¿Qué hacer frente al reto de la suburbanización?
La CAR hace un llamado urgente a municipios, autoridades y comunidad para actuar coordinadamente con medidas como:
- Fortalecer los POT, con límites claros a la densidad y uso del suelo.
- Proteger ecosistemas estratégicos y suelos agrícolas, evitando la fragmentación.
- Controlar la urbanización en corredores viales, previniendo crecimientos dispersos.
- Promover un desarrollo equilibrado, que combine progreso económico con preservación ambiental.
“El desafío es claro: si no se gestiona, la suburbanización puede comprometer la seguridad hídrica, la biodiversidad y la calidad de vida en Cundinamarca”, concluyó Díaz Fontecha.
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El caso de Gualivá refleja cómo un fenómeno percibido como “avance y progreso” puede convertirse en un riesgo de pérdida de recursos naturales, presión sobre ecosistemas y desequilibrios económicos. El reto es lograr un crecimiento ordenado que preserve el patrimonio ambiental de la región.
Fuente: La CAR
















