El mapa logístico de Colombia está a punto de transformarse. Lo que por años fue un anhelo de exportadores, transportadores y expertos en movilidad, hoy comienza a materializarse en planos y cálculos técnicos de alta precisión. La firma del acta de inicio para los estudios de factibilidad del Corredor Férreo Central no es un trámite administrativo más; es el primer paso en firme para consolidar una red de transporte intermodal que pretende devolverle al país la eficiencia competitiva que solo el tren puede ofrecer.
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Bajo la supervisión de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), el Consorcio Ferreoestructura Central C&G ha asumido la responsabilidad de diseñar la hoja de ruta de una megaobra que promete conectar la Región Metropolitana de Bogotá y Cundinamarca con los puertos estratégicos del Caribe colombiano.
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Un trazado estratégico para la competitividad nacional
El proyecto no es menor. Se trata de un corredor de 448 kilómetros de extensión que atravesará el corazón productivo de la nación. La ingeniería detrás de esta iniciativa contempla una división técnica en tres tramos fundamentales que buscan optimizar la conexión geográfica:
- Variante Tocancipá – Funza: Una solución perimetral necesaria para el flujo de carga en la Sabana.
- Zipaquirá - Barbosa (Santander): Un tramo de 212 kilómetros que conectará el centro con la región andina santandereana.
- Barbosa - Barrancabermeja: 182 kilómetros que servirán de enlace directo con el río Magdalena y las rutas hacia el norte del país.
El desafío de la ingeniería: Túneles, puentes y modernización
El megaproyecto que unirá a la Región Metropolitana con el Caribe
La envergadura del Corredor Férreo Central se refleja en sus cifras de infraestructura. La prefactibilidad del proyecto ya ha delimitado una hoja de ruta ambiciosa: la construcción de 391 kilómetros de vía férrea nueva y el mejoramiento de otros 57 kilómetros existentes.
Para sortear la compleja topografía colombiana, el diseño incluye la construcción de 93 túneles (que suman 132 kilómetros de longitud) y 185 puentes (abarcando 52 kilómetros). Esta infraestructura permitirá que, para el año 2053, el corredor tenga la capacidad de movilizar hasta 11,3 millones de toneladas anuales, transportando principalmente carbón, carga general y granel, aliviando así la presión sobre la red vial nacional y reduciendo significativamente los costos logísticos.
Inversión y plazos: El horizonte hacia 2027
La rigurosidad técnica está garantizada por una inversión que asciende a los $102.609 millones de pesos. De este monto, $91.164 millones se destinan a la consultoría de detalle, mientras que $11.445 millones aseguran la interventoría a cargo del Consorcio Férreo Central BC.
El cronograma es claro: el consorcio tiene un plazo de 18 meses para entregar los estudios de factibilidad. Esto sitúa a septiembre de 2027 como la fecha clave para conocer la viabilidad financiera, social y técnica definitiva del proyecto. Durante este periodo, se realizarán análisis profundos de demanda, ingeniería ferroviaria, impacto ambiental y social, así como la estimación precisa de los costos de capital (Capex) y de operación (Opex).
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Hacia una integración intermodal definitiva
Óscar Torres Yarzagaray, presidente de la ANI, ha enfatizado que este proyecto es el eje motor para la consolidación del sistema ferroviario nacional bajo la visión del Gobierno Nacional. No se trata solo de poner rieles, sino de crear plataformas de logística intermodal que permitan integrar los centros de producción con los de consumo y exportación.
La conexión entre Cundinamarca y el Caribe representa la reactivación de una arteria vital que, sumada a otros corredores estratégicos, posicionará a Colombia como un referente de transporte sostenible y eficiente en la región.













