No nacen en fábricas ni requieren salas blancas. Crecen. Se expanden silenciosamente bajo la tierra y, ahora, podrían convertirse en la base de una nueva revolución tecnológica. La computación fúngica —ordenadores desarrollados a partir de redes de hongos— ha dejado de ser una idea marginal para posicionarse como una línea de investigación con resultados tangibles y un potencial disruptivo en la industria electrónica.
De la biología a la computación: un cambio de paradigma
Aunque el concepto pueda parecer futurista, la computación biológica tiene raíces profundas. Desde los años 70 se conocen propiedades eléctricas en los hongos comparables a las neuronas, y en los 90 ya se habían cultivado células neuronales para controlar robots simples.
El ingeniero neuronal John Larocco, del Instituto de Sostenibilidad de la Universidad Estatal de Ohio, sostiene que este campo no es una especulación: es una evolución lógica de décadas de investigación interdisciplinaria.
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Sin embargo, fue en la década de 2010 cuando el científico Andrew Adamatzky dio un giro clave al descubrir que el moho mucilaginoso Physarum polycephalum generaba patrones eléctricos complejos. Este hallazgo abrió la puerta a explorar el potencial computacional de organismos vivos sin sistema nervioso.
El “lenguaje eléctrico” de los hongos
El núcleo de esta innovación reside en el micelio, la red subterránea de los hongos. Investigaciones recientes han demostrado que estas estructuras generan señales eléctricas organizadas, no aleatorias, que funcionan como un sistema de comunicación interno.
Para analizarlo, los científicos insertan electrodos en colonias de hongos y registran su actividad en condiciones controladas. Los resultados han sido sorprendentes: los circuitos fúngicos pueden modificar su comportamiento ante estímulos repetidos, un fenómeno conocido como memristividad.
En términos prácticos, esto significa que los hongos pueden “recordar” señales previas y ajustar su respuesta, una propiedad fundamental para cualquier sistema computacional.
Una alternativa ecológica al silicio
Uno de los principales atractivos de esta tecnología es su sostenibilidad. A diferencia de los semiconductores tradicionales, cuya producción implica altos costos energéticos, uso de tierras raras y contaminación, los dispositivos fúngicos pueden cultivarse en condiciones simples, incluso en compost.
El micelio del hongo shiitake, por ejemplo, ha demostrado ser especialmente útil por su resistencia, bajo costo y facilidad de cultivo. Además, estos sistemas son biodegradables, lo que elimina el creciente problema de los residuos electrónicos.
Otra ventaja clave es la integración funcional: los hongos pueden actuar simultáneamente como sensores y procesadores, reduciendo la necesidad de componentes adicionales.
Aplicaciones emergentes: del espacio a la salud
Aunque su velocidad es inferior a la del silicio, los dispositivos fúngicos presentan características únicas: bajo consumo energético, resistencia a la radiación y capacidad de autorreparación.
Estas propiedades los convierten en candidatos ideales para aplicaciones específicas como:
- Monitorización ambiental a gran escala
- Dispositivos wearables sostenibles
- Exploración aeroespacial
- Modelos experimentales para estudiar enfermedades neurológicas
Además, su capacidad para detectar luz, gases, cambios de pH y compuestos tóxicos los posiciona como sensores naturales altamente eficientes.
Obstáculos técnicos y retos de ingeniería
A pesar de su potencial, la computación fúngica enfrenta desafíos significativos. La variabilidad entre especies y colonias dificulta la estandarización, mientras que la necesidad de mantener condiciones ambientales específicas limita su integración en dispositivos convencionales.
También persisten problemas de estabilidad a largo plazo, ya que los organismos vivos pueden cambiar su comportamiento, secarse o contaminarse.
Diseñar interfaces duraderas y compatibles con la electrónica tradicional sigue siendo uno de los principales retos para su implementación comercial.
El futuro: sistemas híbridos y materiales inteligentes
Empresas emergentes como Mycosoft ya trabajan en el desarrollo de sensores, plataformas digitales y dispositivos que traducen las señales eléctricas del micelio en datos utilizables.
Los expertos coinciden en que el futuro no será una sustitución total del silicio, sino una integración híbrida. Se proyecta que las computadoras del mañana incorporen componentes vivos capaces de adaptarse, aprender y responder al entorno en tiempo real.
Más que máquinas independientes, estos sistemas podrían convertirse en materiales inteligentes integrados en infraestructuras, edificios o ecosistemas.
La computación fúngica no busca competir en velocidad, sino redefinir el concepto mismo de tecnología: más orgánica, más eficiente y profundamente conectada con el entorno.













