En los departamentos de Cauca y Nariño, un proceso silencioso pero poderoso está cambiando la forma en que las comunidades indígenas se alimentan, se relacionan con su territorio y enfrentan enfermedades crónicas. Se trata de “Territorio, Comida y Vida”, un proyecto cocreativo liderado por la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) y la Universidad del Cauca (Unicauca), financiado por el Centro Internacional de Investigaciones para el Desarrollo (IDRC) de Canadá.
Por más de 12 años, esta iniciativa ha trabajado junto a los pueblos Pastos, Misak y Ampiuile para fortalecer la seguridad alimentaria desde los saberes ancestrales, enfrentar el aumento de enfermedades como el cáncer y promover la autonomía alimentaria mediante productos propios, nutritivos y sostenibles.
La profesora Teresa Mosquera, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNAL, ha liderado este proceso en Colombia. Ella destaca que el objetivo principal ha sido “integrar los conocimientos científicos y los saberes indígenas, con un enfoque cocreativo, para buscar soluciones reales a la pobreza, la inequidad y la inseguridad alimentaria en los territorios”.
La salud comienza en la tierra
Clara Milena Tunubalá, reconocida como "mama Clara" en el Resguardo de Guambia, en Silvia (Cauca), explica por qué este proyecto es vital para su comunidad: “En nuestro resguardo han aumentado los casos de cáncer en mujeres jóvenes, y todo apunta a la alimentación como una de las causas. Por eso, esta iniciativa llega en un momento clave para ayudarnos a recuperar nuestros saberes y volver a comer bien”.
Tunubalá relata que, antes, la dieta de muchos habitantes incluía alimentos procesados, enlatados y con aditivos. Hoy, gracias al proyecto, se promueve el consumo de productos locales como la papa nativa, que no solo es más nutritiva, sino también más económica, pues se evita el costo del transporte y el empaque desde las ciudades.
Además, la comunidad ha empezado a producir sus propias bebidas: agua purificada proveniente del páramo, jugos locales, yogures y derivados lácteos que aprovechan la abundancia de leche en la región.
Educación alimentaria desde la infancia
El cambio no se limita a la cocina. También llega a las aulas. En la Institución Educativa Técnica de Ambaló, en el resguardo del pueblo Ampiuile, se abrió una “tienda saludable” que ofrece productos elaborados por estudiantes de grados noveno a once junto con padres de familia.
Robinson Rivero, dinamizador del proyecto en la institución, explica: “Los estudiantes aprenden sobre alimentación sana, producen empanadas de papa nativa, yogur, queso, y participan en el rescate de variedades agrícolas tradicionales. Es un aprendizaje que se expande a sus hogares”.
La estrategia ya impacta a cientos de niños y niñas, y se espera que se extienda a las siete sedes del colegio y otras instituciones del territorio.
Construcción de paz desde el alimento
Juan Pablo Ulchurt, líder indígena del pueblo Ampiuile, resalta otro valor del proyecto: la cohesión social. “Esto ha sido muy fructífero, porque hemos logrado trabajar con comunidades vecinas. La paz también se construye desde la comida, desde compartir saberes y fortalecer nuestra identidad”.
Además, el respaldo de leyes nacionales que promueven el consumo de productos locales impulsa a las comunidades a fortalecer sus emprendimientos. En una feria realizada en Silvia, más de 30 iniciativas mostraron su compromiso con una alimentación saludable y culturalmente pertinente.
Un modelo que merece replicarse
El profesor Luis Alfredo Londoño, de Unicauca, destaca que el proyecto ha reunido agrónomos, nutricionistas, químicos, sociólogos y educadores en un sistema interdisciplinario al servicio de los territorios.
Con una combinación de ciencia, cultura y comunidad, “Territorio, Comida y Vida” no solo mejora la nutrición: es una semilla de transformación social, económica y política.
Este modelo demuestra que el camino hacia una mejor salud pública en Colombia puede comenzar por donde nace la vida: la tierra, los saberes ancestrales y el alimento.
















