La naturaleza tiene formas crudas de ponernos a prueba, pero también momentos de redención que reconcilian nuestra especie con el entorno. En una carretera de Boyacá, lo que comenzó como una escena desgarradora —un pequeño perezoso aferrado al cuerpo sin vida de su madre— se transformó, tras meses de rigor científico y voluntad humana, en un mensaje de libertad que hoy recorre las copas de los árboles en el municipio de Caldas.
Una noche entre la vida y la muerte
Fue en septiembre de 2024 cuando el destino de este macho de apenas meses de edad cambió radicalmente. Un ciudadano, cuya reacción rápida fue el primer eslabón de este milagro, lo encontró a un costado de la vía principal. La imagen era desoladora: el pequeño intentaba buscar calor en una madre que ya no respondía.
La entrega inmediata a la Policía Ambiental y su traslado a la Dirección Regional de Chiquinquirá de la CAR activaron un protocolo que no permitió descansos. Aquella primera noche fue crítica. Sin el sustento materno y bajo el shock del accidente, el equipo técnico tuvo que suplir lo insustituible: calor artificial, monitoreo de signos vitales minuto a minuto y una fórmula láctea especializada para evitar un colapso sistémico. Separarlo del cuerpo de su madre fue el primer paso, quizás el más difícil, para darle una oportunidad de futuro.
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La ciencia detrás del instinto: El camino en URRAS y Tocaima
La rehabilitación de un perezoso neonato no es una tarea sencilla; requiere que el animal "desaprenda" el contacto humano para que no se convierta en una mascota dependiente. El proceso inició formalmente en la Unidad de Rescate y Rehabilitación de Animales Silvestres (URRAS) de la Universidad Nacional de Colombia, donde la atención neonatal permitió que el ejemplar superara la etapa de mayor vulnerabilidad biológica.
Posteriormente, el Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre (CAV) de la CAR en Tocaima, Cundinamarca, se encargó de la fase final. Allí, en un entorno controlado pero exigente, el perezoso aprendió a reconocer su alimento, a fortalecer sus extremidades para el desplazamiento arbóreo y, lo más importante, a recuperar su desconfianza natural hacia los humanos, garantía fundamental para su supervivencia en el mundo salvaje.
El regreso a las Vueltas de Caldas
El cierre de este ciclo ocurrió en la vereda Vueltas, en Caldas. No fue una elección al azar; se buscó un corredor ecosistémico que garantizara no solo alimento, sino la conectividad necesaria con otros ejemplares de su especie.
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Yiber González, director regional de la CAR, no ocultó la satisfacción al ver al animal trepar por las ramas nativas: "Este pequeño sobreviviente regresa a la libertad sano y fuerte. Es la prueba de que la acción ciudadana, unida a la técnica institucional, devuelve esperanza a nuestros ecosistemas". Al tocar la corteza de los árboles, el perezoso no miró atrás. Se internó en el follaje, retomando una vida que la carretera casi le arrebata.
Este caso es un recordatorio de que la fauna silvestre no es un adorno ni una compañía doméstica. Es un llamado a la prudencia en las vías y a la denuncia oportuna. Hoy, el bosque de Caldas es un poco más rico, y la historia de este perezoso, un triunfo contra la estadística.













