Venezuela ha hecho historia climática este 2024 al convertirse, junto a Eslovenia, en uno de los dos primeros países del mundo en perder todos sus glaciares. La desaparición completa del glaciar Humboldt, ubicado en la Sierra Nevada de Mérida, marca un antes y un después en el impacto del calentamiento global sobre la cordillera andina y sobre el equilibrio ecológico del país.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó en su más reciente informe sobre el estado del clima en América Latina y el Caribe que "con la desaparición del Humboldt, su último glaciar, la República Bolivariana de Venezuela se convirtió en el segundo país del mundo en perder todos sus glaciares". Esta alarmante constatación ha puesto en evidencia la velocidad y gravedad del retroceso glaciar a escala global, especialmente en los trópicos.
Un ecosistema único perdido
El glaciar Humboldt, también conocido como La Corona, había sido por décadas el último vestigio de los antiguos glaciares venezolanos. Aunque aún queda un pequeño remanente de hielo en la zona, su tamaño ha sido tan reducido que la OMM ya no lo considera técnicamente un glaciar. Este fenómeno, más allá de su simbolismo ambiental, conlleva consecuencias directas para los ecosistemas locales y la seguridad hídrica de comunidades andinas que históricamente han dependido del deshielo estacional.
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Según el informe de la OMM, los glaciares en todo el planeta han perdido masa de manera acelerada en los últimos tres años. En el caso venezolano, esta pérdida representa la desaparición de un reservorio natural de agua dulce y un valioso termómetro climático.
Un país sin glaciares
En junio de 2024, la NASA ya había anticipado la situación, señalando que Venezuela se había convertido en "el primer país de los Andes en perder sus glaciares". La desaparición del hielo perpetuo que alguna vez cubrió los picos de la Sierra Nevada se suma así a una lista creciente de consecuencias del cambio climático que afectan especialmente a los países del sur global.
Iniciativas para frenar el deshielo
Desde 2023, autoridades venezolanas y expertos en cambio climático impulsan un proyecto medioambiental enfocado en mitigar el retroceso glaciar. La iniciativa ha incluido la instalación de mantas térmicas o geotextiles alrededor del remanente de La Corona, con el objetivo de reducir la velocidad de derretimiento.
Este tipo de acciones, aunque limitadas, reflejan un esfuerzo por prolongar la vida del hielo remanente y generar conciencia sobre la importancia de preservar los ecosistemas de alta montaña. El proyecto ha contado con la participación de científicos, voluntarios y comunidades locales comprometidas con la conservación ambiental.
Un año récord de calor
El informe de la OMM también reveló que 2024 fue "el año más cálido o el segundo más cálido" del que se tiene registro en América Latina y el Caribe. La temperatura media fue 0,9 °C superior a la del período 1991-2020, en línea con las proyecciones científicas sobre el aumento de las temperaturas globales.
La organización alertó además sobre el impacto del calentamiento de los océanos, que absorben el 90 % del exceso de energía causado por los gases de efecto invernadero. Este fenómeno contribuye no solo al aumento del nivel del mar, sino también a la intensificación de fenómenos meteorológicos extremos.
Riesgos para millones de personas
La OMM advirtió que más del 27 % de la población de América Latina y el Caribe habita en zonas litorales, y hasta un 8 % vive en áreas de alto riesgo ante fenómenos como la erosión costera, la intrusión de agua salada en acuíferos y las marejadas ciclónicas.
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El caso de Venezuela se convierte así en un símbolo de una realidad que amenaza a todo el planeta: la desaparición de los glaciares ya no es un fenómeno lejano o exclusivo de las regiones polares. Ahora afecta directamente a las montañas tropicales, a la biodiversidad y a millones de personas que dependen del equilibrio climático para su supervivencia.
















