Un informe de Red Cross Lifeblood y la Universidad de Sunshine Coast revela que enfermedades transmitidas por la sangre y fenómenos climáticos extremos afectarían la cadena de suministro de sangre, mientras aumenta la demanda de transfusiones.
El cambio climático no solo impacta los ecosistemas y la infraestructura global, sino también un recurso crítico para la salud pública: la sangre para transfusiones. Un reciente estudio realizado por investigadores de Red Cross Lifeblood y la Universidad de Sunshine Coast (UniSC), en Australia, advierte que el aumento de enfermedades infecciosas y los fenómenos meteorológicos extremos podrían alterar significativamente la oferta y la demanda de sangre en los sistemas sanitarios.
Según el informe, publicado en la prestigiosa revista The Lancet Planetary Health, el calentamiento global está facilitando la expansión de enfermedades como el dengue, la malaria y el virus del Nilo Occidental en Europa. Estas infecciones, que pueden ser transmitidas por la sangre, representarían una amenaza directa para los bancos de sangre al limitar la elegibilidad de donantes potenciales.
"El cambio climático puede repercutir en algunas enfermedades infecciosas que pueden transmitirse a través de la sangre e impedir que la gente done", explicó la Dra. Elvina Viennet, una de las autoras principales del estudio.
Cada año, se transfunden en Europa alrededor de 25 millones de unidades de sangre, fundamentales para salvar vidas de pacientes sometidos a cirugía, bebés prematuros, víctimas de accidentes y enfermos crónicos. La interrupción de este flujo vital debido a fenómenos climáticos extremos podría tener consecuencias críticas para los sistemas de salud.
El impacto del clima extremo en la donación de sangre
El estudio también detalla cómo las temperaturas extremas, la exposición al frío, y otros fenómenos climáticos severos podrían reducir el número de donantes disponibles. Según los investigadores, condiciones como la deshidratación, alteraciones de la presión arterial, y cambios en los niveles de hemoglobina y glóbulos rojos, afectarían negativamente la salud de los donantes.
Al mismo tiempo, los cambios en la prevalencia de enfermedades y la frecuencia de desastres naturales podrían aumentar la demanda de transfusiones de sangre debido a afecciones como complicaciones del embarazo, enfermedades cardiovasculares y anemia falciforme.
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Estrategias de adaptación propuestas
Frente a estos desafíos, los investigadores proponen diversas estrategias de mitigación, como la creación de centros de donación de sangre flexibles y móviles, el uso del rescate celular (una técnica de autotransfusión durante procedimientos quirúrgicos) y una mayor cooperación internacional para garantizar la estabilidad de los suministros.Otra medida urgente es fomentar la donación de sangre en comunidades diversas. Con el aumento de la migración debido a la subida del nivel del mar y otros efectos del cambio climático, se requerirá una mayor representación étnica entre los donantes para atender mejor a poblaciones heterogéneas.
Este estudio constituye un llamado de atención a los gobiernos, organizaciones sanitarias y a la sociedad en general sobre la necesidad de integrar la planificación del cambio climático en la gestión de los recursos sanguíneos.
















