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¡A un abrazo de distancia!

¡A un abrazo de distancia!

Paradójicamente el mundo entero está pasando un momento histórico con diversas variantes y en medio de tal coyuntura el sistema nos obliga a los miles de millones de cuerpos a estar distanciados. Paralelo a ello, acatando protocolos de bioseguridad, tenemos una simple oportunidad: abrazar


Un día como hoy hace más de tres décadas, a mediados de los 80’s, el psicólogo Kevin Zaborney asumió la tarea de proponer el 21 de enero como el día del abrazo, día que inició en EEUU y que con el tiempo se ha replicado en algunos países más.


Para muchos puede tratarse de un tema banal que no cambia la vida en lo absoluto, pero para otros puede ser el camino a la vida de manera literal.
He pensado y repensado si vale la pena hacer eco a este tipo de iniciativas que se van quedando muchas veces en inconscientes prácticas y más en tiempos como el actual en el que construimos nuestro sentir desde otras dinámicas, un tanto individuales y aisladas, por decisión o por obligación; pero sin duda eso habla de nuestra esencia y de lo que podemos dar o recibir de manera plena.

Hagamos memoria, ¿Cómo a raíz de un abrazo, dado o no, se construyó parte de nuestra memoria emotiva? Luego de formularme repetidamente esta pregunta, noté de manera personal que existen múltiples formas de abrazar según nuestras posibilidades físicas y afectivas y de alguna forma todas se traducen a la capacidad que tenemos de intercambiar nuestros seres de manera íntima y un tanto magnánima.

Pero no solo se trata de celebrar el abrazo o analizar su sentido físico, también se puede resignificar según la esfera, según la persona o según el tiempo, por poner algunos ejemplos.

Desde lo psicológico, desde lo social y hasta desde lo identitario podemos convertir aquel simple abrazo en una herramienta que puede llegar a armar cuerpos y almas que sienten y resisten, desde lo proxémico y discursivo, claramente.

Entre tanto, claramente es importante alinear cualquier muestra de afecto a nuestra espiritualidad, anclada a cada convicción, sea cual sea, y desde allí buscar coherencia en nuestro dar y recibir de manera que no sea impuesto, replicado o solo sobre aceptado, apuntándole a brindar experiencias que desde una simple transmisión energética dé pie a una experiencia catártica, sanadora y motivadora, que conecte la construcción y/o deconstrucción afectivas no como una limitación sino como una oportunidad para trascender como individuos y, por qué no, como colectivos.

No es tarea fácil

Abrazar es una acción tan propia de todos los seres vivos que pareciera sencilla y orgánica pero no se escapa para nada de nuestras construcciones socioculturales, las mismas que en el mundo real nos acercan o alejan de naturalizar nuestras prácticas.

No es igual manifestar afecto para hombres que para mujeres en un mundo hetero patriarcal que asume roles y acciones un tanto fundamentalistas y tradicionales.

Al punto en que en este momento abrazar puede ser un acto de resistencia, frente a masculinidades, frente a egos, frente a jerarquías, entre muchas otras suposiciones impuestas.

Todo esto sin contar la dificultad de considerar abrazar en pandemia, por ende, pienso que tenemos tres posibilidades muy válidas si de recargar energía se trata:

Abrazarnos a nosotros mismos: Muchas veces tenemos la oportunidad de conectar con alguien, entregando y recibiendo la energía de manera directa. Sin embargo, no nos damos la oportunidad de hacer un ejercicio introspectivo que nos dé la oportunidad de no “darnos palo” por lo que pasa en nuestras vidas. Es muy válido, diría que necesario, poder reconocernos y darnos lo que un abrazo permite, pero a nosotros mismos, ese es el reto más grande, el que convierte en realidad la transformación y el crecimiento, gran utopía que esta a una distancia cercana, de piel hacia dentro.

Abrazar a un árbol: Estoy seguro de que muchos tendemos a hacer este tipo de cosas, conectar con la naturaleza, ahora, ¿Buscamos hacerlo o solo se trata de esas casualidades que llegan cuando estamos haciendo otras actividades? Queda abierta la invitación a propiciar un encuentro con cualquier árbol ¡Sus raíces y silencio realmente nos recargan!

Abrazar a nuestros seres queridos: En realidad más que ser una opción, es un privilegio. Poder contar con nuestros seres allegados, familiares, amigos, personas y animales, que con su energía hagan parte del entorno y podamos conectar. Deberían ser esa fuente de energía primaria tanto en emisión como en recepción. Recodemos que un abrazo no es solo una acotación a nuestras acciones como para saludar o despedir. Debe ser una acción independiente, consciente de su valor. Si puedes tomar 20 segundos en un abrazo, me cuentas si se siente distinto y mejor aún, si te sienten distinto.

Ciertamente habrá muchas más opciones, pero quise traer solo estas para conjugar nuestras posibilidades. Recordemos que nuestra salud física y emocional puede verse realmente potenciada con solo esta acción. Además, podremos ver que con solo dar en el día cinco abrazos -el número puede variar-, notaremos cómo las cosas serán distintas para quienes se articulen al ejercicio. Si quieres más razones, piensa, por ejemplo, en cómo puedes aportar a que con algo tan sencillo se disminuyan parcialmente los índices de estrés, ansiedad, nerviosismo, cansancio o preocupación. Recuerda que no solo la pandemia aísla, también la falta de empatía o el individualismo muchas veces inconsciente.

Procuremos trabajar en que los abrazos no sean solo virtuales. Tomémonos en serio la tarea de compartir. Si no podemos hacerlo con quienes queremos por distancia o diferencias; seguramente habrá otras maneras, eso sí, desde la importancia de reconocernos y abrazarnos desde nuestra construcción como seres sintientes, seamos como seamos, ¿Qué tenemos que perder? Allí nos alineamos y podremos fluir en los demás espacios, desde la consciencia de que podemos estar: ¡A un abrazo de distancia!

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