Un proyecto escolar puede comenzar con algo tan sencillo como sembrar una semilla y terminar cruzando fronteras. Eso fue lo que ocurrió en Cucunubá, donde estudiantes de la I.E. Rural Departamental Peñas lograron un reconocimiento internacional con su huerta agroecológica.
El resultado no solo puso a este colegio de Cundinamarca en el primer lugar de Colombia. También lo llevó a ocupar el primer puesto mundial en la categoría Secundaria del Mundial de Huertas, organizado por la fundación francesa Landestini.
Pero detrás del premio hay mucho más que cultivos. Hay educación, participación de las familias, recuperación de conocimientos campesinos y una apuesta por demostrar que el aprendizaje también puede construirse con las manos en la tierra.
La huerta de Cucunubá que llegó a una competencia mundial
El proyecto se denomina “Huerta Agroecológica: El Corazón de la Montaña” y comenzó aproximadamente dos años atrás como parte del proceso educativo “Espacios para la Paz, Agroecologías para la Vida”.

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La iniciativa fue liderada por el docente Cristian López, junto con estudiantes, profesores, directivos y familias de la institución.
La propuesta convirtió la huerta en un espacio pedagógico. Allí, los estudiantes no solamente aprendieron sobre agricultura, sino que también trabajaron alrededor de la identidad de su territorio y de prácticas que forman parte de la vida de la comunidad.
Semillas, recetas y conocimientos campesinos
Durante seis meses, la institución participó en diferentes retos y espacios de formación planteados por el Mundial de Huertas.
En ese proceso, los estudiantes tuvieron que presentar elementos relacionados con su territorio. Entre ellos estuvieron las semillas nativas, las recetas tradicionales y los conocimientos vinculados con las prácticas agrícolas de la comunidad.
Y aquí aparece uno de los aspectos más llamativos del proyecto: la huerta terminó funcionando como una herramienta para conservar y transmitir conocimiento local.
Sin embargo, esto no es todo. La experiencia también permitió que los jóvenes compararan su trabajo con iniciativas educativas desarrolladas en otros países.
Cucunubá se impuso entre cientos de colegios
La primera edición del Mundial de Huertas reunió a 550 instituciones educativas de más de 15 países.
Entre los participantes había cerca de 200 colegios colombianos, además de establecimientos educativos de diferentes niveles.
En medio de esa competencia internacional, la I.E. Rural Departamental Peñas consiguió el primer lugar de Colombia y de la clasificación mundial correspondiente a la categoría Secundaria.
El reconocimiento adquiere una dimensión especial porque el proyecto no nació como una iniciativa comercial ni como una gran infraestructura tecnológica.
Nació dentro de una institución educativa rural y se desarrolló a partir del trabajo cotidiano de sus estudiantes y de la comunidad.

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Cada huerta está diseñada para que las familias puedan cultivar productos adaptados al clima y condiciones del municipio.
¿Qué hizo diferente al proyecto?
Más allá del resultado, el proceso reunió varios componentes que explican la relevancia de la iniciativa:
- Recuperación y uso de semillas nativas.
- Integración de conocimientos agrícolas tradicionales.
- Participación de estudiantes, docentes y familias.
- Aprendizaje práctico mediante la agroecología.
- Intercambio de experiencias con instituciones de otros países.
- Fortalecimiento del vínculo entre educación y territorio.
La verdadera razón del reconocimiento, por tanto, no parece estar únicamente en lo que produjo la huerta, sino en todo lo que los estudiantes aprendieron mientras la construían.
“Lo hicimos con nuestras propias manos”
La noticia fue recibida con entusiasmo por los estudiantes que participaron directamente en el proyecto.
Uno de ellos destacó que el premio les permitió comprender que los procesos que desarrollan pueden avanzar cada vez más cuando existe compromiso con el trabajo realizado.
Otro estudiante puso el énfasis en un aspecto todavía más significativo: el orgullo de haber conseguido el reconocimiento mediante un proyecto construido directamente por ellos.
Para los jóvenes, el Mundial de Huertas representó entonces mucho más que una competencia.
Fue una oportunidad para comprobar que el conocimiento adquirido en una escuela rural también puede tener alcance internacional.
El reconocimiento llegó hasta las aulas
La entrega del reconocimiento se realizó en la propia institución educativa de Cucunubá.
Representantes de Landestini destacaron el proceso desarrollado durante los últimos dos años y el trabajo conjunto de la comunidad educativa alrededor de la huerta.
La experiencia también abrió la puerta a nuevos intercambios con instituciones de otros países y diferentes niveles educativos.
Ese componente puede convertirse en uno de los principales beneficios de este tipo de iniciativas: además de enseñar sobre producción de alimentos, pueden fortalecer habilidades relacionadas con investigación, trabajo en equipo, sostenibilidad y apropiación del territorio.
Una lección que va más allá de la agricultura
El caso de la I.E. Rural Departamental Peñas deja una reflexión interesante sobre la educación rural.
Una huerta puede ser un laboratorio para aprender ciencias, una herramienta para hablar de alimentación, un espacio para recuperar tradiciones y, al mismo tiempo, un escenario para fortalecer la identidad de una comunidad.
También demuestra que las alternativas educativas no necesariamente dependen de grandes inversiones en infraestructura. En ocasiones, recursos disponibles en el propio territorio pueden convertirse en herramientas de aprendizaje con resultados que trascienden las fronteras.

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El triunfo de este colegio de Cucunubá pone en primer plano una realidad que con frecuencia queda fuera de las grandes conversaciones educativas: el potencial de las instituciones rurales para desarrollar proyectos innovadores desde sus propios territorios.
El reconocimiento internacional conseguido por la I.E. Rural Departamental Peñas convierte a su huerta en un ejemplo de cómo la educación, la agroecología y la participación comunitaria pueden avanzar en una misma dirección.
Y quizá esa sea la parte más importante de esta historia: antes de competir contra cientos de instituciones del mundo, los estudiantes tuvieron que aprender a valorar lo que tenían mucho más cerca.
















