En los bosques de Cundinamarca existe un patrimonio que muchas veces pasa inadvertido: las semillas de sus especies forestales nativas. Conservarlas significa mucho más que almacenar material vegetal; implica proteger ecosistemas, recuperar zonas degradadas y mantener conocimientos que durante generaciones han permanecido en los territorios.
Para avanzar en ese propósito se desarrolla una estrategia de identificación, conservación y aprovechamiento de material reproductivo forestal, respaldada por un convenio interadministrativo superior a $3.900 millones.
La iniciativa combina conocimiento científico y saber local, con la participación de viveristas, colectores tradicionales de semillas, guardabosques, funcionarios y otros actores vinculados al territorio.
508 participantes y 88 municipios
La primera etapa de la estrategia reunió a 508 participantes, sin duplicados, provenientes de 88 municipios de Cundinamarca y Bogotá.
En total se realizaron 27 talleres, diseñados para identificar, priorizar y caracterizar especies que tienen importancia ambiental, sociocultural y productiva.
El conocimiento de quienes viven y trabajan en los territorios fue fundamental para establecer dónde se encuentran las especies y cuáles tienen mayor potencial para las acciones de conservación y restauración.

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El mapa que ayudó a encontrar las zonas clave
Durante la primera fase se desarrollaron 14 talleres en los que los participantes utilizaron cartografía de las diferentes direcciones regionales.
El objetivo era localizar áreas protegidas, predios destinados a la conservación y coberturas boscosas existentes.
Este ejercicio permitió identificar zonas donde actualmente se realiza, o podría realizarse, la colecta tradicional de semillas forestales, además de reconocer las especies presentes en cada territorio.
Y aquí aparece uno de los aspectos más interesantes de la estrategia: no se trata simplemente de escoger especies desde un escritorio.
La experiencia local también decide
A partir del trabajo territorial fueron priorizadas 10 especies forestales, evaluadas bajo criterios ambientales, socioculturales, productivos y económicos.
Posteriormente, cada grupo seleccionó tres especies prioritarias teniendo en cuenta el conocimiento y la experiencia de los actores locales.
El proceso contó además con el acompañamiento del Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), que brindó orientación sobre aspectos relacionados con el registro de viveros forestales.
Sin embargo, esto no es todo. La identificación de las especies fue apenas una parte del trabajo.
La segunda fase: conocer cuándo y cómo recolectar
La segunda etapa estuvo conformada por 13 talleres y concluyó en julio de 2026.
En estos espacios se recopilaron datos descriptivos y fenológicos de las especies seleccionadas y se abordaron aspectos relacionados con la recolección de su material reproductivo.
La información obtenida permitirá construir una mirada mucho más detallada sobre la distribución y el manejo de las semillas forestales nativas.

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¿Para qué servirá toda esta información?
Los datos recopilados podrán convertirse en un insumo para orientar futuras decisiones de conservación, restauración y recuperación ambiental.
Entre los principales resultados esperados se encuentran:
- Identificar zonas actuales y potenciales para la colecta de semillas.
- Caracterizar especies forestales nativas de importancia para los territorios.
- Recopilar información geográfica y productiva.
- Incorporar conocimientos socioculturales relacionados con la colecta tradicional.
- Fortalecer las capacidades de viveristas y otros actores locales.
- Apoyar procesos de restauración y recuperación de ecosistemas.
- Mejorar el manejo del material reproductivo forestal.
La verdadera importancia de este proceso está en que una semilla puede ser el punto de partida de una restauración ecológica mucho más amplia.
Guardianes de las semillas: el componente humano
Durante el desarrollo de la estrategia también fueron reconocidas 12 personas que acompañaron todas las etapas del proceso.
Su participación refleja uno de los enfoques centrales de la iniciativa: convertir a quienes poseen experiencia directa en los territorios en aliados para la conservación del patrimonio forestal.
La apuesta, por tanto, no depende únicamente de recursos económicos, tecnología o conocimiento técnico. También requiere preservar el saber de quienes conocen los ciclos de las especies, los lugares donde crecen y las condiciones que favorecen su reproducción.
Lo que viene para Cundinamarca
Como siguiente paso se realizará una entrega parcial de los resultados obtenidos durante los 27 talleres.
La jornada también contará con orientación del ICA sobre el registro de viveros forestales y sobre la normatividad aplicable a la colecta de semillas forestales nativas dentro de la jurisdicción de la CAR.
El propósito es que la información recopilada no quede únicamente como un registro técnico, sino que pueda convertirse en una herramienta para futuras acciones de conservación y restauración.
Una semilla que puede definir el futuro de los bosques
Cundinamarca tiene el desafío de conservar sus ecosistemas mientras enfrenta las presiones propias del crecimiento urbano, las actividades productivas y la transformación del territorio.

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En ese escenario, identificar y conservar material reproductivo de especies nativas puede convertirse en una alternativa estratégica para recuperar áreas y fortalecer los procesos de restauración ecológica.
La estrategia deja además una idea de fondo: proteger un bosque no siempre empieza con plantar un árbol. En ocasiones, empieza mucho antes, cuando alguien identifica una especie, conoce el momento adecuado para recolectar su semilla y conserva ese material para que pueda volver a la tierra.
Si este tema le parece importante para el futuro ambiental de Cundinamarca, comparta la información y cuéntenos: ¿qué especie forestal nativa considera que debería tener mayor prioridad en su municipio?
















