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Leonardo da Vinci fue mucho más que un artista. Soñó con volar, imaginó el futuro y, sobre todo, intuyó cómo funcionaba el cuerpo humano. Algunos de sus trabajos no han sido entendidos hasta ahora


El 2 de mayo de 1519 fallecía Leonardo da Vinci en su residencia de Amboise (Francia), una mansión, hoy convertida en museo, llamada le Clos Lucé y situada a unos 400 metros del castillo del rey François I.

Nacido en 1452 e hijo ilegítimo de un rico notario de Florencia, llegó a las orillas del Loira en el otoño de 1516, invitado por el monarca francés que le nombró “primer pintor, ingeniero y arquitecto del Rey”.

Da Vinci era conocido en toda Europa, su precaria situación económica tras la muerte en Roma de su protector, Juliano II de Médicis, hermano del papa, le incitó a cruzar los Alpes con 64 años en dirección a Francia a lomos de una mula.

En el viaje transportó en su equipaje tres de sus obras maestras aún inacabadas por entonces: San Juan Bautista, Santa Ana con la Virgen y el Niño y La Gioconda. Junto a los cuadros, el artista llevó cuadernos, bocetos, dibujos y manuscritos que más tarde se articularon en los códices, esparcidos hoy por todo el mundo –dos de ellos, conocidos como Códices Madrid I y II, se conservan en la Biblioteca Nacional de España–.

Anatomista por naturaleza

Además de sus aparatos voladores, máquinas militares y submarinos, el maestro renacentista también sobresalió en sus estudios sobre el cuerpo humano. “Una prueba del indiscutible talento científico de Leonardo se encuentra en su investigación sobre anatomía y en elementos como el agua, el aire y la luz”, subraya Solari.

En el siglo XVI, los pintores eran de las pocas personas que podían realizar una disección postmortem de cadáveres humanos con un objetivo que poco tenía que ver con la medicina. Se les autorizaba hacer autopsias para definir mejor la anatomía de los personajes que representaban en sus pinturas.

Con 20 años, Da Vinci empezó a realizar estudios en humanos, disecciones incluidas. Y no paró hasta cumplir los 60. En 1490, el profesor de Medicina Teórica, Marcantonio Della Torre, le pidió colaborar en un libro de texto de anatomía, basado en los estudios clásicos de Galeno de Pérgamo. Tras años dibujando el libro finalmente nunca se publicó.

“Posiblemente estos estudios realizados por Leonardo fueron demasiado adelantados a su tiempo como para ser publicados”, señala Sterpetti, autor de tres trabajos, publicados en la revista Circulation Research, sobre la aportación de Da Vinci a la Anatomía. Los dibujos de Da Vinci no se hicieron públicos hasta 300 años más tarde.

En total, además de las autopsias de vacas y cerdos, Leonardo completó más de 30 disecciones humanas a lo largo de su vida, cuando un estudiante solo podía asistir a más de dos durante sus estudios. La complejidad del cuerpo humano le fascinó tanto que lo consideró la máquina perfecta, a la vez que se interesaba por los estudios de hidráulica, ingeniería y física.

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