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La meteorología suscita curiosidad y, en algunos casos, verdadera pasión. Sin embargo, a veces no se usan con propiedad palabras comunes como tornado, huracán o ciclogénesis explosiva


La población quiere información sobre meteorología. Cada vez hay más demanda social sobre el conocimiento del tiempo atmosférico y, en particular, sobre los desastres naturales que suponen la pérdida de vidas humanas.

Sin embargo, sobre las observaciones atmosféricas singulares y otros fenómenos hay mayor ignorancia. La mitología, las creencias y las pseudociencias han estado muy presentes en la popularización de algunos términos.

“Las redes sociales dan alas a ciertas teorías pseudocientíficas como la de los chemtrails o las avionetas antilluvia. Por eso nos esforzamos en nuestra web, nuestro blog y nuestras redes en divulgar un conocimiento riguroso sobre el tiempo y el clima”, declara a Sinc Delia Gutiérrez Rubio, meteoróloga de la Agencia Estatal de Meteorología, AEMET.

Meteosunamis o rissagas

Muchos están asociados a vientos intensos y a sucesos marítimos locales como las rissagas, los oleajes de rompiente o las variaciones transitorias del nivel del mar. Rissaga es el nombre mallorquín con el que se conoce a los meteosunamis. Este suceso tiene lugar en algunas calas y puertos de islas Baleares, y consiste en oscilaciones extraordinarias del nivel del mar que llegan a alcanzar los dos metros de amplitud en períodos de diez minutos.

Precipitación súbita y engelante

Las precipitaciones súbitas torrenciales son lluvias intensas de origen convectivo que provocan inundaciones repentinas. Pueden dar lugar a riadas y desbordamientos muy imprevisibles y violentos. La precipitación engelante provoca gotas de lluvia que se congelan al llegar al suelo y cubren los objetos sobre los que se exponen.

Reventón

Están asociados a tormentas fuertes. Son corrientes originadas dentro de las nubes que pueden llegar al suelo y suponen desplomes de aire frío que llegan a causar vientos localmente muy fuertes y tan destructivos como los tornados.

Tolvanera, tuba y vórtice de racha

Estos tipos de remolinos pueden llegar a ser espectaculares. Las tolvaneras toman forma a través del polvo, arena y residuos, y se desarrollan en la capa inferior de la atmósfera, sin una conexión directa con una nube convectiva. Las tubas o ‘nubes-embudo’ tienen forma de cono o tubo y giran rápidamente, colgando de una nube convectiva. El vórtice de racha, conocido como gutsnado, es un remolino que se origina en el frente de racha de una tormenta.

Lluvias de sangre

Olcina dedicó un estudio a las lluvias de barro o sangre, un fenómeno que tiene lugar en la Península y que se ha relatado desde épocas bíblicas. Este tipo de lluvias son propias de las condiciones climáticas de la fachada mediterránea peninsular. Se conocen como lluvias de fango o de sangre. Las precipitaciones se producen debido a la combinación de una nube de polvo sahariano en suspensión y la inestabilidad meteorológica provocada por borrascas.

Nieve sandía

Como indica a Sinc Mar Gómez, meteoróloga de eltiempo.es, la nieve sandía “puede verse en nuestro país en el Pico de la Veleta, en Sierra Nevada”. Se produce cuando la nieve logra adquirir estas tonalidades gracias a la función de filtro solar que tienen unas algas verdes microscópicas, conocidas como Chlamydomonas nivalis, que contienen un pigmento de color rojo llamado astaxantina. Son seres vivos muy resistentes a las bajas temperaturas, de ahí que se encuentren presentes en estas zonas.}

Espejismos y corrientes marinas

También los marineros han puesto nombres a las corrientes de aire y otro tipo de sucesos relacionados con la meteorología. Estos varían según la zona en la que trabajen y, por ser sugerentes, han sido recogidos hasta en obras de ficción.

De los más conocidos por este gremio son ‘los 40 rugientes’ o vientos del sur. Temidos por los barcos que surcan las aguas entre los paralelos 40 y 50 del hemisferio sur, son famosos por complicar la navegación al crear grandes corrientes, fuertes vientos y ráfagas muy violentas.

Vientos bramadores, aulladores y rugientes 

Según revela el físico José Miguel Viñas, autor del proyecto Divulgameteo, las denominaciones de vientos bramadores, aulladores y rugientes son un reflejo de los nombres que los marinos han puesto a estos ‘corredores de la muerte’: “Si el término ‘rugientes’ nos da una idea del ruido que produce la mar agitada en combinación con el viento entre el paralelo 40 y 50 del hemisferio austral, más al sur nos encontramos con ‘los 50 furiosos’, conocidos también como ‘aulladores’. Pero, sin duda, es en el cinturón de borrascas que rodea la Antártica donde localizamos el nombre más expresivo de todos. Allí, en una de las regiones de condiciones meteorológicas más adversas de toda la Tierra, localizamos ‘los 60 bramadores’”.

El Fuego de San Telmo

Toma su nombre de Erasmo de Formia (San Elmo), patrón de los marineros, ya que son numerosos los que afirmaban haber sido testigos de la aparición de lenguas de fuego incandescentes sobre los mástiles de los barcos durante tormentas, acompañados de alteraciones en su brújula, como si de un fenómeno extraño se tratase. En Moby Dick se puede leer una clara alusión a ellos. Este fenómeno tiene su origen en la electricidad estática de la atmosfera y supone una descarga luminiscente sobre un objeto puntiagudo en la cual se desprenden ciertas chispas y destellos por la ionización del aire dentro del campo eléctrico originado por las tormentas.

Fata Morgana

Fata Morgana es un fenómeno cuyo nombre tiene su origen en la hermanastra del Rey Arturo (Morgan le Fay), que según la leyenda era un hada cambiante. “En meteorología es básicamente un espejismo o ilusión óptica que se debe a una inversión de temperatura”, afirma Mar Gómez, de eltiempo.es. Los objetos se ven reflejados y distorsionados de tal modo que a lo largo de la historia muchos marineros han vislumbrado barcos fantasmas o castillos flotantes.

Fuente: AgenciaSinc

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