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En su primera entrevista televisiva tras ser electo presidente, Trump confesó que cree que la tortura funciona «absolutamente» y que Estados Unidos «debería combatir fuego con fuego»


El submarino, la privación de sueño y demás técnicas de tortura siguen siendo muy utilizadas hasta el día de hoy, dejando secuelas a largo plazo en las personas e incluso la muerte.

¿Pero qué tan eficaz es esta técnica para obtener información de los enemigos? Es cierto que no hay mucha evidencia al respecto, tanto a favor o en contra, pero además de violar gravemente los derechos humanos, la ciencia revela que no funciona como técnica para extraer información.

Shane O’Mara, profesor de investigación cerebral experimental del Trinity College de Dublín, Irlanda, sostiene que no existe evidencia científica creíble que demuestre que la tortura funcione. Sin embargo, el científico sostiene que sí hay mucha información acerca de los efectos psicológicos y fisiológicos del dolor severo, el miedo, la falta de sueño, el frío extremo y el casi ahogamiento.

Para él, la tortura no produce información fiable debido a la gravedad con que afecta la capacidad de pensar.

Una técnica que no conduce a nada

El dolor extremo, la falta de sueño, el miedo a la tortura, generan daños en la memoria, el estado de ánimo y cognición.

El método de la tortura no persuade a las personas a que razonen y decidan cooperar, sino que produce pánico, inconsciencia, disociación y profundos daños neurológicos a largo plazo.

Incluso lleva a que la persona quiera continuar hablando para evitar más torturas. Cuando se cree que el sospechoso está guardando información o mintiendo, los interrogatorios escalan a la tortura, pero no hay evidencia de que puedan detectar las mentiras mejor que otro tipo de interrogatorios.

Falsos recuerdos y mala toma de decisiones

Es más, la evidencia de que la tortura funciona parece ser anecdótica. Pero los efectos del dolor, el estrés y el comportamiento coercitivo en nuestra capacidad para pensar y tomar decisiones son bien conocidos.

La ciencia sostiene que la tensión extrema y el dolor (tanto físico como psicológico) pueden provocar falsos recuerdos, reducir nuestra capacidad para recordar información y afectar notoriamente nuestra toma de decisiones y el rendimiento de la memoria en general.

Los interrogatorios estresantes y el aislamiento han probado crear falsos recuerdos en más del 80 % del personal militar capacitado.

Al igual que muchos otros, O'Mara considera que la motivación de la tortura es castigar y no ser práctico. Pero tiene consecuencias inefectivas que además traen gravísimas consecuencias.

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