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La neuroteología o neurociencia espiritual es un intento moderno de rectificar la distancia entre la neuroquímica y las experiencias religiosas


Las experiencias religiosas y espirituales comparten elementos fenomenológicos comunes a través de culturas y tradiciones de fe teístas, como un profundo sentido del estado de ánimo elevado (euforia) o el sentido de integración dentro de uno mismo y con otros.

 
Este estudio sigue muchos otros intentos similares de localizar los correlatos químicos de la bienaventuranza y el éxtasis, así como las hormonas que desencadenan la contemplación y la atención plena.

Para los expertos, la neurociencia de la experiencia religiosa y espiritual es un paso clave para comprender la motivación del comportamiento religioso y los efectos que tiene la práctica religiosa en la salud.

Para ello, seleccionaron a la población mormona, buscando estudiar la euforia religiosa subjetiva y la alegría de lo que se conoce como «sentir el espíritu» y la fé que reportan con esos sentimientos en la vida diaria.

Cerebro y religión

En la investigación se le dio a cada adulto joven (de entre 25 y 30 años) tareas largas de 8 minutos asociadas con su disciplina devota, como leer pasajes del Libro de Mormón o viendo citas de la iglesia mormona. 

Al estudiar las imágenes de resonancia magnética funcional, la investigación reveló que si bien no hay un centro religioso en el cerebro, las experiencias espirituales autoinformadas activaron distintas regiones del cerebro, incluyendo el núcleo accumbens, que es el centro de recompensa del cerebro y los lóbulos frontales, asociados con la capacidad de formar relaciones sociales.

Los lóbulos calman nuestras respuestas emocionales animales innatas con la razón y la lógica, importante al tratar con otros en un entorno social.

El estudio llevó a los investigadores a especular que los orígenes de nuestra estructura social moderna se dieron gracias a un impulso espiritual. Y sin duda abren un controversial debate, aunque los arqueólogos se manifiestan en contra de esta teoría, y sugieren que nuestros antepasados formaron comunidades y vínculos por razones de supervivencia, no por metafísica.

Lo que es innegable es que la religión despierta en el cerebro de los devotos el centro de recompensa haciéndolos sentir felices y plenos. 

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