Otros articulos:

nectarportadainicio

americanp

Inicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivadoInicio desactivado
 

Nada es el centro de la ciencia, la ingeniería o la matemática. Nada, es decir, cero. Este pícaro pero poderoso número ha causado más controversia y generado más deleite que cualquier otro número


Desde los inicios

El cero, como concepto, ha estado presente en la cultura desde tiempos ancestrales. Aparece en Babilonia así como en inscripciones maya, cuando se usaba para calcular los cambios de estaciones.

Los eruditos de épocas pasadas lo utilizaban como un símbolo para representar la ausencia de un número, de la misma forma en que nosotros usamos el cero en 101 o 102 para indicar que no hay múltiplos de 10 en la posición del medio.

Los babilonios lo representaban con dos símbolos pequeños en forma de dardo inclinados.

Sin embargo, tuvieron que transcurrir dos milenios para que el cero -y su genialidad matemática- fuera reconocido como un número. Y ocurrió en India.

Siempre un círculo

Según el escritor matemático Alex Bellos, India era el lugar perfecto: "La idea de que la nada fuera algo ya estaba profundamente instaurada en la cultura india. Piensa que 'nirvana' es un estado de vacío en el que no hay preocupaciones ni deseos".

Entonces, se pregunta Bello: "¿Por qué no tener un símbolo que reflejara ese estado?"

Se le llamó "shunya", una palabra que todavía se utiliza como concepto y como número.

A lo largo de la historia, los números han cambiado de forma. El cero, sin embargo, ha sido un círculo desde el principio.

Avanzando a paso firme

Una vez que el cero se estableció en el sur de Asia, llegó al Medio Oriente, donde fue incorporado a los números arábigos que utilizamos en la actualidad.

Algunos historiadores consideran que el origen indio del cero ha sido borrado de la historia y que lo correcto sería llamar a nuestro sistema numérico "indo-arábigo".

Pero después de sus increíbles inicios espirituales e intelectuales, al cero le esperaba una verdadera lucha. Llegó al mismo tiempo que las cruzadas de los cristianos contra los islamistas.

Cualquier idea árabe, hasta en las matemáticas, era recibida con escepticismo y desconfianza.

En 1299, el cero fue prohibido en Florencia junto a todos los numerales arábigos porque se decía que promovían el fraude. El cero podía transformarse con facilidad en un nueve. Además, ¿por qué no añadir un par de ceros al final del precio en un recibo para inflarlo?

También se consideraba que el cero podía establecer un peligroso precedente porque le abría la puerta a los números negativos. Y estos, legitimaban el concepto de deuda y préstamo.

Regreso triunfal

Increíblemente, no fue sino hasta el siglo XV que el cero -junto al resto de números arábigos- fue aceptado en Europa.

Para ponerlo en contexto, para ese entonces la Universidad de Oxford ya llevaba siglos establecida en Inglaterra, y la imprenta ya existía.

Ambas, sin duda, ayudaron a que el cero floreciera como una idea en matemáticas y se convirtiera en la base de algunos de los métodos científicos y tecnológicos que usamos hoy en día.

A finales del siglo XVII, el cero surgió triunfante como la base de las coordinadas cartesianas -los gráficos en los que se utilizan como referencia los ejes X y Y que se aprenden en la escuela- inventadas por el filósofo francés René Descartes.

Este sistema se sigue utilizando en casi todas las áreas, desde la ingeniería hasta los gráficos computarizados.

gifgooglenews