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El aguardiente ha subido 15 % de precio este año, y el consumo de vino cayó 30 % en los restaurantes. Mientras los gremios culpan al incremento de impuestos, Antioquia proyecta aumento del recaudo


Hace un año, semanas previas de que empezara a debatirse la reforma tributaria, se libraron en el Congreso acalorados debates sobre el proyecto de ley que pretendía cambiar el régimen tributario de las bebidas alcohólicas, iniciativa que aumentaría en $300.000 millones el recaudo de los departamentos, según el Gobierno.

Uno de los mayores cambios tributarios fue la fijación de la tarifa única de $220 por grado de alcohol y un impuesto general de 25 % sobre el valor comercial. Todo esto sin contar el IVA del 5 % que ya pagan. Sin embargo, el vino se trató como un caso especial y recibió menos carga ($150 por grado de alcohol e impuesto del 20 sobre el valor comercial). Y un año después de que se aprobara el proyecto de ley, ya se aprecian efectos visibles sobre el precio.

Por ejemplo, de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), tan sólo el precio de la botella de aguardiente se ha incrementado en 15,8 % en 2017 (pasó de $25.000 a $29.000, en promedio), y la categoría de “otras bebidas alcohólicas” ha subido un 9,95 %. Incrementos importantes teniendo en cuenta que la inflación de la economía colombiana se sitúa en 3,49 %. Es decir, los licores se han encarecido en más de tres veces que los demás productos.

El Espectador habló con el gobernador de Antioquia, Luis Pérez, quien explicó que “este año notamos un incremento del precio del 18 % en los licores dentro del departamento, lo cual llevó a una disminución de la venta de botellas: pasamos de 62 millones en 2016 a 58 millones este año. Sin embargo, en términos de ingresos, nos hemos mantenido relativamente constantes, debido a que el precio por unidad subió. Por lo que no hay mayor cambio en