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A partir de la purificación del importante afluente, por medio de técnicas como la aireación, se desarrollaría un nuevo proceso para revitalizar su importancia a lo largo del cauce


Así lo expuso Freddy Leonardo Franco Idárraga, director del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Manizales, invitado al Foro Internacional de Restauración del Río Bogotá, celebrado recientemente en la Universidad Javeriana.

“Para adelantar obras que vuelvan a conectarlo con la comunidad, y devolverle su espacio e importancia, primero, hay que descontaminarlo, porque ¿quién quiere tenerlo cerca con esos olores y colores?”, acotó el profesor.

Por ello, hay que partir de la urgencia de obras como la inyección de aire o, como lo expuso otro invitado al foro, proveerle oxígeno puro, además de la construcción de más plantas de tratamiento residual no solo en Bogotá, también en los demás municipios por donde pasa.

“A ello hay que sumarle técnicas naturales como filtros verdes, barreras vegetales, franjas y humedales, en las zonas donde hay actividad agropecuaria, porque este sector también genera una contaminación a la que se le denomina difusa, es decir, aquella que no viene por un tubo, sino por el territorio, como el caso de los pesticidas arrastrados por la lluvia”, precisó el profesor Franco.

En su intervención, el experto trajo a colación una serie de experiencias de restauraciones de afluentes en Europa, según la premisa de aprender a vivir con ellos, devolverles vida y restablecerles sus espacios naturales.

Por ejemplo, citó las obras que se adelantaron en el río Drava (Italia), por ejemplo, similar al de Bogotá, está canalizado, pero le quitaron los diques para que creciera, lo cual generó nuevas islas. En el Ródano (Suiza), con trabajos hidráulicos, lograron conectarlo con madres viejas y aumentar su caudal para beneficio de la fauna.

Construyendo nuevas ideas 

El evento, al que también asistió el ministro de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, Luis Gilberto Murillo, sirvió para debatir, entre otros temas, los trabajos que se han adelantado a orillas del caudal con la construcción de jarillones para evitar posibles inundaciones, como las acontecidas en el periodo del fenómeno de La Niña, entre 2010 y 2011.

“Esos jarillones ya registran erosión por la misma agua, incluso, hay un sector de la comunidad que denuncia que fueron construidos con el lodo o sedimento del fondo del río, cuando adelantaron las obras de canalización”, adujo Franco.

La ubicación de estas barreras, como aseguró el ingeniero, no deberían limitar el sembrado de árboles en las orillas ni el desagüe del río en ciertas zonas inundables que permitan la conexión con humedales, recursos naturales afectados.

“Para adelantar nuevas obras hay que tener en cuenta temas bióticos, de riesgos, así como la flora y la fauna. Es hora de considerarlo como un río y no un canal”, puntualizó el especialista.

El río Bogotá, que nace en el páramo Guacheneque, en Cundinamarca, tiene una longitud aproximada de 380 kilómetros y su desembocadura se da en el río Magdalena.

Fuente: Agencia de Noticias UN

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