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Julio y otras 49 familias de Bojacá, son la esperanza para esta especie que está muriendo en el mundo, pero que, con iniciativas como esta de la CAR, tienen una esperanza para el hombre ya que según expertos, si desaparecen las abejas, desaparecerá la raza humana


En este paraíso a menos de 2 horas de Bogotá, Julio se estableció con su esposa e hijo, y mientras decoraban la casa, la familia Fique comenzó un proyecto de granja agrícola sostenible de acuerdo con la naturaleza de esa zona de reserva: formaron una pequeña huerta casera, instalaron un corral para la crianza de gallinas, una cría de conejos de varias razas, unos para consumo y otras para mascotas, una cría de gansos que con sus graznidos ayudan a cuidar el predio y desde hace 2 meses tienen otras nuevas habitantes: miles de abejas distribuidas en 3 panales ubicados al fondo de una pequeña ladera de la finca.

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Estos panales hacen parte del proyecto de la CAR para promover el aumento de polinizadores como iniciativa de conservación, y a su vez fomentar la producción apícola sostenible, en el marco de los planes de manejo ambiental de varias zonas de reserva del territorio, dentro de los cuales está el DMI Manjui Salto del Tequendama, donde se encuentra el predio de Julio.

Él y otras nueve familias de Bojacá que cumplían estas condiciones, fueron caracterizados por la Secretaría de Desarrollo Económico del municipio para que entraran en el proyecto de polinizadores, ejecutado a través de la Fundación Para el Desarrollo Agrícola Social y Tecnológico FUNDASET y la Alcaldía municipal.

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Luego recibió tres colmenas y todos los elementos para esa labor, como el traje, las botas los ahumadores, centrifugas y 500 plántulas para el establecimiento de cercas vivas alrededor de las colmenas, todo por un valor aproximado a los 5 millones de pesos, recursos de la CAR. 

Julio ya conoce bien a sus amigas, sabe que son territoriales, pero para él son un ejemplo de trabajo colaborativo, distingue las obreras de los zánganos y el rol de cada uno; ya les perdió el temor, pero no el respeto, y cada día aumenta su admiración por esos pequeños seres.

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Hoy Julio ve con satisfacción que esta labor comienza a dar sus frutos: se observa mayor floración en los alrededores con lo que se está cumpliendo el objeto de la polinización, y ya ha extraído pequeñas cantidades de deliciosa miel con la que piensa abrir otra línea de producción sostenible.

mcp

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