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En marzo de 2014, el Consejo de Estado ordenó a cerca de 72 entidades (incluidos 46 municipios y seis ministerios) la tarea de sanear y recuperar la cuenca del río Bogotá


Los desechos de casi 8 millones de habitantes que estaba recibiendo diariamente, más contaminación de curtiembres, fábricas y mineras de los demás municipios, tenían en vilo el principal cauce de la capital. Pero dos años después de haberse emitido el fallo la catástrofe ecológica continúa. Todo parece indicar que aún hace falta mucho tiempo, coordinación, interés y recursos económicos para empezar a cumplirlo.

La Procuraduría realizó 44 audiencias en los municipios involucrados. En ellas encontró que hay deficiencias en el manejo de aguas residuales, en el sistema de alcantarillado y acueducto. Además advirtió que el Consejo Estratégico de Cuenca, entidad que tenía que dirigir, articular, gestionar y coordinar las órdenes del fallo, no ha hecho su tarea.

En palabras del ingeniero Luis Felipe Aparicio, asesor de la Procuraduría, las alcaldías involucradas en la recuperación del río tampoco están haciendo muy bien su labor, aunque reconoce que enfrentan dificultades, principalmente ligadas a temas de presupuesto. Tienen que actualizar, por ejemplo, el Plan de Ordenación y Manejo de Cuencas Hidrográficas (Pomca), el Plan de Ordenamiento Territorial o el Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos.

Los esfuerzos de la CAR se han concentrado principalmente en sacar adelante el proyecto que permitiría ampliar el cauce del río. Esa adecuación hidráulica evitaría inundaciones y mejoraría la calidad del agua. Según el ingeniero Aníbal Acosta, líder del proyecto, más del 70 % del trabajo está adelantado. Para ser precisos, hacen falta 16 de los 68 kilómetros de la cuenca media, que van desde Alicachín (Soacha) hasta el puente La Virgen. En este punto el río recibe 84% de la contaminación, además de las aguas residuales de los ríos Juan Amarillo, Fucha y Tunjuelito.

Esta entidad ha retirado cerca de 6 millones de toneladas de basuras. Colchones, sillas, electrodomésticos, tapetes y cualquier cantidad de llantas y plásticos son sólo algunos de los artículos que encuentran usualmente. La corporación también ha comprado cerca de 680 hectáreas para que el río tenga zonas de inundación controladas y ha sembrado más de 250.000 especies nativas como cajeto, cedro, roble, nogal y magnolio. Además, continúa la construcción de un parque con senderos y ciclorrutas que tiene que superar una dificultad mayor: está en una zona donde el olor es nauseabundo.

A los ojos de la Contraloría Delegada de Medio Ambiente, todos esos esfuerzos se quedan cortos al mirarlos en detalle. A inicios de este año advirtió que “no se ha avanzado en el propósito de mejorar la calidad del agua y reducir la contaminación del río Bogotá” y calificó como “deficiente” la gestión de la CAR. ¿Por qué? Porque ha habido un incremento de metales pesados, como mercurio, cadmio, plomo, arsénico y cromo, que son altamente nocivos para la salud y el medioambiente. Villapinzón, Chocontá y Cajicá, en la cuenca alta; Bogotá, Funza y Mosquera, en la cuenca media, y San Antonio del Tequendama, Tena y La Mesa, en la baja, son los municipios peor calificados.

Fuente: El Espectador

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