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En Chía convirtieron parte de un humedal en un potrero donde ya no hay patos ni tinguas, sino vacas y pasto. Lo hicieron en menos de tres meses y, a pesar de las denuncias de la comunidad, las autoridades no detuvieron el problema


Desde septiembre del 2017 los vecinos de la vereda La Fagua, zona rural de Chía denunciaron que en el predio conocido como El Darién operaraban volquetas y máquinas retroexcavadoras.

Estas acciones atentaban contra la chucua de La Fagua, como es conocido popularmente el cuerpo de agua que circula por allí y en el que aún hoy es posible observar patos, tinguas y otras especies del ecosistema.

El humedal

El cauce, alcanzaba hasta 6 metros de ancho y una profundidad de hasta 4 metros, zona que la Corporación Autónoma Regional (CAR) denominaría, tras un estudio y concepto técnico, “humedal La Chucua de La Fagua”.

No obstante, tras el paso de las máquinas, “solamente quedó un canal no mayor a 1,5 metros de ancho, que fue excavado a un costado del predio y al que fue desviada el agua”, relata Fernando Parrado, presidente de la junta de acción comunal de La Fagua.

“Taparon cerca de 1,5 kilómetros del humedal. Esto es solo parte del impacto que está generando el Plan de Ordenamiento Territorial aprobado irregularmente en el 2016”, indicó José Antonio Parrado, líder social, quien en nombre de al menos 40 juntas de acción comunal interpuso una demanda de nulidad sobre el POT.

 

El problema del POT

El crimen ambiental es debido al cambio en el uso del suelo de al menos 300 hectáreas de territorio, que pasaron de estar determinadas para uso agrícola a autorizarse en ellas construcción de vivienda. “En el predio El Darién se pretende llevar a cabo el plan parcial número 15, que daría pie a unas 3.000 viviendas (torres de apartamentos). Eso explica lo que hicieron con el humedal”, afirmó Parrado.

Según expresan vecinos del lugar los responsables de estas acciones movieron tierras del propio Darién, pero que luego llegaban volquetas cargadas desde otros sitios y que arrojaban el material encima el agua, y secaron el humedal. 

Acciones legales 

Ante la masacre ambiental, los pobladores de la zona acudieron a la Alcaldía de Chía para advertir lo que ocurría y tratar de frenar los movimientos. También, enviaron un derecho de petición a la CAR para que verificara el daño y detuviera las acciones.

Sin emabrgo, la Alcaldía de Chía le respondió a EL TIEMPO, sobre las medidas que tomó en su momento, que la inspección urbanística del municipio visitó el lugar y levantó un acta, además de emitir una suspensión preventiva de actividades –sobre el uso de la maquinaria en la zona–.

Por su parte, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, la CAR indicó que La Chucua era una “fuente hídrica superficial de uso público; por consiguiente, cualquier modificación o alteración deberá adelantarse de manera técnica”. Pero en diciembre, luego de adelantar un estudio técnico a profundidad –impulsado por lo que ocurría en la zona– concluyó: “En el predio de análisis se encuentra un humedal... Alrededor del cual se ha organizado el ecosistema”. 

No obstante, el mandatario de Chía, Leonardo Donoso, insistió: “Es un canal de aguas lluvias y negras, que las lleva al río. No es una quebrada ni un humedal; la CAR nos debe entregar un concepto claro sobre ese cuerpo de agua”.

La CAR, finalmente esta resolvió imponer medidas preventivas a las señoras Gertie Amaya Díaz, María Teresa Rodríguez y a la Sociedad Garnet S. A. S., que aparecen como propietarios del predio. Además, les ordenó la “recuperación del canal que hace parte del humedal La Chucua de La Fagua”, y que “deberán llevar a cabo las obras para restaurar a su estado original el cauce del cuerpo hídrico afectado”.

Actualmente, ni los dueños de El Darién ni la propia CAR ni la Administración municipal han iniciado acciones para restaurar el daño que se hizo.

Fuente: EL TIEMPO

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