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  • Cerca de 1.500 niños de 12 colegios públicos de Cundinamarca hacen parte de La Liga del Agua
  • En un año, el colegio de Guasca economizó 17,5% del liquido
  • Iniciativa creada por ingenieros de la U. de los Andes y la Universidad Minuto de Dios 

Los niños de noveno grado del Instituto Técnico Industrial de Zipaquirá se bañan con agua fría. Y no precisamente porque les haga falta un calentador, sino porque así reducen el consumo de agua en sus casas. “Antes me demoraba mucho en la ducha, ese baño parecía un turco. Pero el agua fría me obliga a durar menos, me despierta y me pone animado”, dice Daniel Felipe Alonso, estudiante del colegio, mientras sus compañeros ríen tímidos.

Como Daniel Felipe, cerca de 1.500 niños han cambiado sus hábitos de uso del agua en nueve municipios de Cundinamarca. Desde el año pasado, doce colegios públicos de Guasca, Sopó, La Calera, Ubalá, Gachalá, Gama, Guatavita, Junín y Zipaquirá se sumaron a una iniciativa llamada La Liga del Agua.

Suena paradójico que el proyecto se centrara en una de las regiones hídricas más ricas del país. El Guavio ofrece a Bogotá 70% del agua, está rodeado de páramos, lagunas y humedales, pero ahora, en pleno Niño, el nivel del embalse está en 52%. De hecho, quienes se transportan en lancha les ha tocado variar de puertos porque se quedan atrapadas en medio del embalse. “Esta es una zona privilegiada, pero justamente ahí es donde debe hacerse un juego de conciencia”, dice María Catalina Ramírez, coordinadora del proyecto desde la Universidad de los Andes.

El juego de ahorrar agua

Su tema central era el agua, y el objetivo, reducir el consumo en la región del Guavio a través de juegos y competencias en los colegios. La dinámica era sencilla: mediante sus celulares, los niños de los últimos grados debían enviar un mensaje de texto con el número que marcara el contador de agua de sus casas cada día. El mensaje llegaba a una plataforma que mostraba la cantidad de agua que consumía esa familia. La hipótesis detrás del reporte de esos datos era que los estudiantes, y luego las familias, entendieran en qué gastaban agua, por qué y quién consumía más.

Desde ese momento Ingenieros Sin Fronteras, de la mano de Inalambria, una empresa encargada de impactar a grupos sociales mediante tecnología, crearon una estructura de juego más grande. Los estudiantes de octavo, noveno y décimo se volvieron competidores oficiales del agua, tenían un código y mediante él, monitoreaban el consumo de su casa, colegio y región.

La Liga del Agua, entonces, pudo expandirse por el Guavio y adquirió recursos del Sistema General de Regalías para financiar proyectos por los próximos dos años. En 2015 empezaron a aplicarlo en diferentes escuelas de la región con el apoyo de la Gobernación de Cundinamarca.

Un empujón para aprender

Al principio, la Liga tenía la apariencia de un juego. ¿Quién era el que más ahorraba? ¿Cuál curso iba punteando en ahorro?. Como explica José Ignacio Castro, gestor del proyecto en los colegios de Sopó y Zipaquirá, “hicimos etnografía para determinar qué jugaban los niños. Entonces partimos de un enfoque de gamification que puede cautivar a los jóvenes que están pegados a los videojuegos y a la tecnología para tener cambios”.

Sin embargo, La Liga del Agua iba más allá de una competencia en la que los estudiantes tenían incentivos como recargas para celular, salidas de campo, bonificaciones en las notas o bonos para las cafeterías (aunque estos últimos no se hayan logrado suministrar). De acuerdo con la profesora Leda Galván, de Zipaquirá, “en ciencias naturales hay temas que parecen teóricos, pero aprovechamos este juego para meterlos en el currículo. Nos valimos del computador y de la tecnología para usarlos a nuestro favor”.

De modo que ahorrar sí es una pata de la mesa importante en plena época de sequía, cuando cerca de 300 municipios tienen problemas de abastecimiento de agua, según la Unidad de Gestión de Riesgo de Desastres (UNGRD). El presidente Juan Manuel Santos y el Ministerio de Vivienda, han llamado por estos días a que los ciudadanos derrochemos menos agua y que cinco minutos sean suficientes para bañarnos. Todo eso es cierto. Pero también lo es, como recuerda Ramírez, que “el ahorro es conciencia, pero también requerimos en tecnología para no desperdiciar el agua”.

Fuente: El Espectador


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