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Aunque es evidente el interés en cuanto al uso indiscriminado de este metal pesado en la minería de oro es necesario advertir a las autoridades ambientales y a la comunidad en general que el riesgo toxicológico del mercurio también es significativo en las ciudades y en las viviendas y oficinas


En primer lugar, están las lámparas ahorradoras fluorescentes que inundan las estanterías de supermercados, almacenes y tiendas, estas han sido popularizadas en muchos programas de uso racional y eficiente de la energía. Pero el espejismo de una vida consistente, con los ideales de sostenibilidad, se evidencia cuando se desecha el bombillo ahorrador (que contiene entre 5 y 16 miligramos de mercurio) de una manera inadecuada –tirándolo a la basura-, o cuando se rompe al interior de la vivienda, un accidente que representa un riesgo de intoxicación aguda en niños y mujeres en estado de gestación.

Los consumidores deberíamos saber que estas lámparas son materiales peligrosos por contener una sustancia peligrosa, y que su disposición final exige un estricto protocolo. Todo un problema técnico y procedimental delimitado por un estricto marco normativo.

La dificultad y riesgo en el manejo, uso, disposición y confinamiento de este tipo de luminarias es una invitación a volver a las lámparas incandescente –que ahora son de bajo consumo-, a las halógenas, a los bombillos LED y, evidentemente, a la iluminación natural; reflexionando como consumidores a “no tragar entero” todo aquello que se publicita como amigable con el ambiente, ya que hay muchos lobos disfrazados de ovejas.

En relación con los alimentos, y como ha sido evidente en los comunicados de prensa del Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), el atún que consumimos contiene mercurio; siendo la ‘punta del iceberg’ del problema, ya que la existencia de este metal pesado en un gran pez –de los últimos en la cadena alimenticia marina- evidencia que todas las otras especies marinas pueden estar contaminadas; problema que ya había sido evidenciado en Colombia por la Universidad de Cartagena.

Es decir, distintas clases de peces, mariscos y moluscos, bioacumulan y magnifican el mercurio debido al aumento de su concentración en el ambiente, producto de su liberación intencional, no intencional y/o accidental. Problema ambiental global en el que todos tenemos algún grado de responsabilidad.

También se ha encontrado mercurio en agua para consumo humano en acueductos veredales, al parecer por la contaminación cruzada con plaguicidas organomercuriales, y en agua de riego para cultivos de hortalizas (investigaciones realizadas por las Universidades Nacional y Universidad Central en el año 2013); asimismo, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam, en el último Estudio Nacional de