Para celebrar su boda en Mosul, bajo el yugo del grupo Estado Islámico (EI), Shaima tuvo que esconder su vestido blanco bajo un velo integral y disimular la música con el generador de electricidad
Cigarrillos fumados a escondidas, móviles camuflados en sacos de harina, celebraciones que deberían ser públicas convertidas en secretas. Durante más de dos años, los habitantes de la segunda ciudad de Irak debieron sortear las prohibiciones del Estado Islámico para llevar algo parecido a una vida normal.
“Tenía muchísimas ganas de llevar un traje, afeitarme, que mis amigos compartieran mi alegría y que mi mujer y yo pudiésemos salir en cortejo por la ciudad”, contó su esposo Alí.
“La boda fue breve. Queríamos dar la vuelta a la ciudad, pero renunciamos por miedo”, precisa Shaima.
Ellos se fueron después de la ciudad y en su huida lograron llevarse con ellos una foto de ese día tan especial: Shaima posa con su vestido blanco al lado de Alí.


















