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Este viernes Barack Obama se convirtió en el primer presidente estadounidense en funciones que visita Hiroshima, lo que desató un debate sobre si el mandatario debería pedir perdón por las acciones de su país


El gobierno de Washington siempre ha defendido que el ataque contra Hiroshima y destrucción tres días después con otra bomba nuclear de la ciudad de Nagasaki, fueron fundamentales para lograr la rendición de Japón y precipitar así el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Obama no ofreció disculpas, pero depositó una ofrenda floral en el Memorial de la Paz de Hiroshima, les rindió un homenaje a las víctimas e invitó a trabajar juntos por un mundo sin armas nucleares.

"Vinimos a reflexionar sobre la terrible fuerza desatada en un pasado no muy lejano. Venimos a llorar a los muertos [...]. Sus almas nos hablan", dijo Obama.

No fue una sorpresa. El domingo pasado la cadena japonesa NHK ya le había preguntado a Obama si su visita a la ciudad japonesa incluiría una disculpa.

El mandatario respondió: "No, porque creo que es importante reconocer que en medio de una guerra los líderes toman todo tipo de decisiones".

El argumento que ha prevalecido en Estados Unidos desde el ataque –que aprobó el entonces presidente Harry Truman– es que éste estuvo justificado.

La decisión, dicen, "salvó vidas" al evitar que Japón siguiera combatiendo. La alternativa, subrayan, hubiera sido una invasión terrestre a Japón que habría causado mucho más derramamiento de sangre, tanto de japoneses como soldados aliados.

Otro argumento de peso, según le dijo al diario Washington Post Jennifer Lind, profesora de la universidad Dartmouth College, en New Hampshire, es que "Estados Unidos, igual que otros países, simplemente no piden perdón".

Fuente: BBC

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