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En los últimos cuatro meses, el portaviones estadounidense USS Harry S Truman ha estado navegando en algún lugar en el norte del Golfo de Arabia, lanzando ataques contra el autodenominado Estado Islámico (EI)


Hay más de 60 aviones de combate a bordo, tres veces más que los aviones de la Real Fuerza Aérea británica que despegan desde su base en Chipre. Ya han establecido un número récord de bombas lanzadas: más de 1.200.

El lema del portaviones es un dicho del presidente con que lo bautizaron: "Denles duro".

Pero las bombas amontonadas sobre la cubierta, listas para la siguiente ola de ataques, no son las únicas armas que están usando. "Nosotros hacemos las cosas en el trasfondo, de las que la gente no habla", dice el teniente Drew Schnabel, uno de los pilotos.

Mientras que la mayoría de aviones cargan bombas, el jet de ellos no lo hace. Ellos vuelan un EA-18G Growler ("Gruñón") diseñado para interferir señales electrónicas.

En la cubierta se les asigna su jet. Está equipado con unas grandes y pesadas cápsulas que emiten potentes ondas de alta radiación que bloquean los trasmisores en tierra.

El Growler fue diseñado originalmente para inhabilitar sistemas de defensa aérea, el tipo que podría ser utilizado por Rusia, por ejemplo. Pero en la lucha contra EI, está siendo usado con un propósito muy diferente.

Esto es parte de una estrategia más amplia que está siendo implementada por Estados Unidos que incluye el uso de electrónica y ciberguerra. Los ejércitos de EE.UU. y Reino Unido ya han estado utilizando aviones espías para localizar lo que llaman "objetivos de alto valor".

Se cree que son capaces de rastrear y encontrar teléfonos móviles individuales.

Fuente: BBC

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