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4.000 migrantes centroamericanos superaron un bloqueo de policías y militares en Guatemala y lograron entrar a México, tras forzar entre empujones y gritos sus enormes vallas fronterizas


“Voy feliz, no vamos haciendo nada malo, solo queremos trabajo”, dijo una mujer que llevaba de la mano a una pequeña niña en medio de la marcha masiva que ingresó por el puente internacional que cruza el río Suchiate, que separa a Guatemala de México

Los hondureños, que intentan escapar de la violencia y pobreza en su país, superaron una barrera de decenas de policías y militares que se apostaron con vehículos blindados. Lograron, entre gritos y empujones, derribar una valla metálica que les impedía el paso hacia la frontera.

La llegada del éxodo masivo a México estuvo marcado por momentos de tensión entre las familias hondureñas y las fuerzas de seguridad.

La crisis

Esta marea migratoria desató la furia del presidente Donald Trump, quien amenazó con cortar la ayuda económica a Guatemala, El Salvador y Honduras si no contenían la caravana, cuyo avance también pidió detener a México, so pena de cerrar con militares la frontera sur de Estados Unidos.

“Estamos rápidamente llegando a un punto que parece ser un momento de crisis: cifras récord de migrantes”, dijo el secretario de Estado estadounidense Mike Pompeo al canciller mexicano Luis Videgaray durante una conferencia de prensa conjunta en Ciudad de México.

“La política migratoria de México la define México, así como la política migratoria de Estados Unidos la define Estados Unidos. Somos países amigos, somos socios, vecinos, somos países soberanos”, replicó Videgaray, quien se reunió el jueves con el jefe de la ONU, Antonio Guterres, para solicitar apoyo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) para atender las solicitudes de refugiados de la caravana.

En México, helicópteros de las fuerzas de seguridad sobrevolaron la zona fronteriza mientras migrantes, funcionarios y activistas comentan sobre su incierto futuro.

Fuente: AFP

 

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