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Este monje, de contextura menuda y de baja estatura, ha llevado 36 de sus 50 años esta vestidura, experiencia que lo ha convertido en un hombre respetado en su natal Birmania y en un referente espiritual en un país donde casi el 90 por ciento de la población es budista


Un nacionalismo exacerbado y una animadversión visceral hacia los musulmanes –especialmente los rohinyá– caracterizan a Wirathu. Aunque representan solo el 6 por ciento de los birmanos y viven en el prácticamente aislado estado noroeste de Rakáin.

Él ha asegurado que su problema no es con otras religiones: es solo con el Islam. “Los musulmanes son como carpas africanas (un pez carnívoro). Se alimentan rápidamente, tienen un comportamiento violento, y se comen entre ellos y a otras especies. Ellos también destruyen los recursos naturales y el lindo fondo marino”, dijo Wirathu en una entrevista a The GroundTruth Project en 2013.

El poder de Wirathu es conocido entre los fieles budistas, quienes siguen sus discursos de odio disfrazados de sermones espirituales y han apoyado sus ínfulas políticas que le permiten hacer lobbie de leyes que van en contra de la libertad y los derechos básicos de los rohinyá.

Wirathu  ha posibilitado que las autoridades se infiltren en páginas de Facebook de los grupos musulmanes y que las escuelas islámicas tengan que llevar un registro de sus lecciones, vigilancia que también realiza, según él, con ayuda de un ejército de personas que analizan la red en Birmania.

La presión política que ha logrado ejercer en nombre de muchas personas se debe en gran parte a que es la cabeza de Ma Ba Tha, la Organización para la Protección de la Raza y la Religión en Birmania y del movimiento nacionalista 969, que se define como opuesto a la expansión del islam.

Fuente: Agencia Anadolu

 

 

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