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Tras una convención de paz en París, 70 países concuerdan que solo se conseguirá si Palestina e Israel logran ponerse de acuerdo y no toman medidas unilaterales


La principal amenaza es el próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump. El mensaje subliminal que enviaron el domingo 15 de enero, sin nombrarlo pero refiriéndose a su postura pro-Israel y a sus medidas unilaterales, fue muy fuerte: si Donald Trump hace lo que quiere, la paz en Medio Oriente será imposible.

¿Podrán conseguir la paz? ¿O la llegada del nuevo presidente estadounidense cambiará la jugada?

Durante el gobierno de Obama, la relación con Israel se debilitó y esa situación empeoró cuando su gobierno se abstuvo de votar en el Consejo de Seguridad de la ONU que pretendía poner fin a los asentamientos de Israel en territorios palestinos. Desde Israel hubo mucho enojo, y Donald Trump ya amenazó con que su llegada terminará con todo lo determinado por el consejo.

Esa amenaza, que cayó muy bien a Israel, se sumó a una propuesta anterior del próximo mandatario: colocar la embajada de Estados Unidos en Jerusalén. Pero… Jerusalén es una ciudad que está en el blanco de las miradas y en el centro de la guerra de Medio Oriente entre Palestina e Israel. Si cumple con su promesa, sería un momento muy polémico, porque estaría confirmando que Jerusalén le pertenece a Israel… cosa que para muchas personas, gobiernos y organizaciones no es así.

Quienes integran la convención por la paz de Medio Oriente están convencidos de que esa posición pro-Israel y, sobre todo, la decisión de cambiar el lugar de la embajada estadounidense pueden obstaculizar el proceso de paz que se está desplegando.

Israel no apoya esta propuesta por llegar a la paz y respalda las promesas de Donald Trump porque lo benefician. Incluso Netanyahu, Primer Ministro de Israel expresó que fue “inútil” esta conferencia realizada en París y agregó que “esta conferencia es una de los últimos tirones del mundo de ayer. El mañana será diferente y está muy cerca de suceder”. Una especie de amenaza respaldada en la llegada de Donald Trump. Sin embargo, la siguiente convención, se supone, tendrá lugar a fines del 2017 -si nada extraño sucede-.

Lo que busca la convención es que las partes implicadas “reafirmen su compromiso con la búsqueda de la paz, que tomen medidas urgentes para revertir las tendencias negativas, incluyendo los actos de violencia sistemáticos y los asentamientos”. El acuerdo debe satisfacer a las dos partes: es decir, reconocer la soberanía que tienen los palestinos y el derecho que les fue robado: el de tener un territorio y un Estado. Pero por otro lado, brindar la seguridad necesaria a Israel para que siga siendo un Estado y no se vea amenazado.

Pero la ciudad de Jerusalén es un gran tema, que puede suscitar diferentes conflictos. En “Mi verdad sobre el Islam”, un libro que recopila diferentes entrevistas que Oriana Fallaci les hizo a ciudadanos de Israel y de Palestina, se deja entrever que ninguno quiere arriesgar -ni soltar- esa ciudad. Es por eso que el proyecto de paz se pueda ver debilitado. Y la llegada de Donald Trump no hace más que potenciar esa debilidad.

No se puede vaticinar nada: es real lo que advierte el Primer Ministro de Israel, aunque yo no lo manifestaría con tanta seguridad: todo puede cambiar cuando Donald Trump llegue al asiento más importante de Estados Unidos y uno de los más importantes del mundo.

No queda más que esperar y desear que, finalmente, la paz llegará a Medio Oriente.

 

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