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Sin importar las resistencias de diversas organizaciones de la sociedad civil, los daneses de las Islas Feroe invitan a los medios de comunicación a documentar la carnicería


6 mil 500 ballenas y delfines han perdido la vida en favor de mantener la tradición isleña del ‘Grindadrap’: una cacería de cetáceos en Dinamarca.
La jornada empieza temprano. Un hombre se encarga de avistar a la familia de ballenas piloto, y sólo cuando encuentra a un grupo nutrido, avisa a los demás cazadores.

Ellos le esperan en la orilla, hacia donde dirigen a los cetáceos para recibirlos con lanzas, cuchillos y rifles. En las Islas Feroe, ésta es una tradición de largo aliento: la matanza indiscriminada, injustificada y cruel de ejemplares se considera parte de la cultura local. Las víctimas pueden elevarse por encima de los cientos en cada ocasión.

A esta tradición se le conoce como ‘Grindadrap‘. A pesar de que ha sido severamente criticada por grupos ambientalistas en favor de los derechos animales, la cacería se lleva a cabo año con año en los meses de julio y agosto. Una vez muertas, los pobladores extraen su carne y grasa tanto para alimentarse, como para venderla en el mercado ilegal, ya que en diversos países estos productos están prohibidos.

Muestran las imágenes de las olas rojas y los cadáveres de las ballenas apilados en la orilla. En algunos casos, se requiere de tractores para limpiar la playa y retirar a las víctimas sin vida.

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