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Durante más de diez años en México participaron abiertamente en reuniones culturales, repartieron libros y revistas, debatieron en foros académicos


Al mismo tiempo sus compañeros en Colombia protagonizaban la guerra civil más prolongada en la historia de América Latina.

Pese a que su presencia en el país no fue clandestina, poco se hablaba de la oficina que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) mantuvieron en la capital mexicana por más de una década.

La oficina, que empezó a operar oficialmente en 1992, formaba parte de la estructura de la Confederación de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (Coppal), aunque mantuvo relativa autonomía de esta organización.

Tenía el reconocimiento del gobierno mexicano e incluso estaba listada en la guía telefónica.

El periodista y escritor Alejandro Jiménez, coautor junto con Laura Castellanos del libro "México armado" -que recopila la historia reciente de los grupos guerrilleros en México-, afirma que su activismo era muy conocido en algunos círculos.

"Decían que eran la embajada real de Colombia en México, tenían un encargado de relaciones, no le llamaban embajador, pero en realidad operaba como eso".

Este representante fue, durante algunos años, Marco León Calarcá, quien ahora es parte del equipo que negoció la paz y el fin del conflicto armado con el gobierno colombiano.

La oficina cerró oficialmente en 2002, después de varias polémicas y señalamientos de presuntos vínculos del grupo armado con carteles mexicanos de la droga.

Aunque su representación oficial permaneció abierta sólo diez años, en realidadlas FARC han estado presentes en México por casi cuatro décadas.

Por ejemplo, el gobierno del entonces presidente José López Portillo (1976-1982) reconoció al grupo como fuerza beligerante.

Lo mismo hizo con otras organizaciones como el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP).

La figura es parte del derecho internacional en materia de conflictos armados e implica que al beneficiado se le reconoce el control de una parte del territorio en disputa, así como derechos y obligaciones legales.

La decisión de conceder el estatus a esos grupos era parte de la política exterior de los gobiernos mexicanos en la época.

De hecho la diplomacia de este país fue muy activa en los conflictos de la región, pues no sólo promovió negociaciones internacionales sino que incluso apoyó directamente a grupos como el FSLN y el FMLN.

Fuente: BBC

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