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¿Vale la pena sacar los trapitos al sol públicamente?


Dicen que la ropa sucia se lava en casa, pero el dolor sentimental mal manejado a veces juega más en contra que a favor, sin embargo, a la voz del dinero, el desprecio y la venganza pública, lo importante pareciera infringir el máximo daño a través de los seguidores que aplauden el frenesí causado por despecho, traición, celos y ruptura al tiempo que el bolsillo se alegra sirviendo de paño de lágrimas o al menos es lo que hacen creer, si esto calma la zozobra y el llanto ya es asunto de cada quien.

Quizá el dolor más grande existente al momento de romper la relación sentimental sea el hecho de estar constantemente recordando situaciones trascendentales vividas en el tiempo que duró el idilio, convirtiéndose en un bucle sin fin y mientras algunos superan y continúan con sus vidas, otros sacan beneficios aprovechando el sentimentalismo conjunto donde una situación tercerizada genera el morbo de quienes viven pendientes de lo que hagan o dejen de hacer las personalidades especialmente en el mundo de la farándula.

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Hasta aquí es entendible el asunto, pero ¿Qué sentido tiene comparar un Rolex con un Casio o un Ferrari con un Twingo?

Es claro que no todo mundo tiene la oportunidad de adquirir elementos de alto valor y no por ello se es zarrapastroso, mal que bien y entrando en lo práctico, todo existe para lo que ha de servir, un retrete de oro no dejará de ofrecer el mismo servicio que uno de cerámica o de plástico o un hoyo en el suelo porque finalmente la miercoles es lo que es caiga donde caiga y por el estilo anterior podríamos poner muchos ejemplos y llegaremos inevitablemente a la misma conclusión.

De hecho, es interesante notar que en la vida práctica, nos han metido todo el tiempo temas de marcas y privilegios que a la final son solo eso, simple consumismo y capitalismo salvaje de la cultura de comprar y botar repitiendo el ciclo, como si lo poco que se tiene no fuera suficiente o si no es de marca entonces no vale la pena, haciendo que cada quien se mire a sí mismo comparándose y siendo feliz o infeliz según lo que posea y lo más paradójico aún no es lo que a la final se tenga o no sino quién lo dice, como lo dice y principalmente bajo qué circunstancias lo dice.

Y más interesante aún, es el paupérrimo manejo público dado a una situación enteramente personal y es justamente en este punto donde vemos realmente el enorme impacto de los sentimientos cuando son heridos hasta más no poder, no importa el qué dirán o lo que pensaran, las diversas reacciones son lo de menos, lo que importa es sobresalir así sea boleteandose sin el más mínimo asomo de pudor, las relaciones sentimentales deben enterrarse sin lápida recordatoria ni epitafio previo.

Saquen de la ecuación sentimental las marcas, posesiones, bienes, activos, porque estas comparativas solo conllevan más estupor y hacen que lo increíble parezca aun mas dificil de creer, asi es, despues de todo, no es lo que se tenga sino que tanto ha de servir en el momento oportuno y tampoco se es más por superar a otros, la vida nos enseña la lección más simple e importante: a veces menos es más

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