Si queremos hablar de realidades sin caer en manipulaciones o tendencias, hay que llamar a las cosas por su nombre: no podemos confundir el plan de Dios para la eternidad con una agenda política humana.
David Ben-Gurión (primer ministro de Israel) lee la Declaración de la Independencia de Israel, el 14 de mayo de 1948, en Tel Aviv, Israel, bajo un gran retrato de Theodor Herzl, fundador del moderno sionismo.Primero, seamos claros con el sionismo: sus fundadores Theodor Herzl o David Ben-Gurión eran políticos totalmente ateos.
Diseñaron un proyecto nacionalista y militar bajo esquemas seculares, usando la historia bíblica como justificación geopolítica y algo aún más atroz: relacionaron este evento bajo el paraguas de falsa profecía disfrazada de aparente verdad bíblica mediática no sin antes aplastar el concepto de los verdaderos representantes del judaísmo puro quienes entienden perfectamente que la creación de dicho estado es una farsa absoluta cuya masacre se justifica por el cruel desplazamiento humano hacia sus vecinos palestinos y extendiendo este odio aún más hacia el mundo musulmán.
De hecho, vastos sectores del judaísmo ortodoxo rechazan tajantemente el sionismo desde sus inicios. Para ellos, la protección de Israel jamás ha dependido de la fundación de un Estado político en 1948 ni del poder de las armas, sino de la fidelidad a la Torá y de la llegada del verdadero Mesías que para el cristianismo se ve enmarcado en la segunda venida del señor Jesucristo y para otros sería Dios mismo quien vendria a arreglar los asuntos de este mundo y así cerrar la historia de la humanidad bajo el concepto del fin de los tiempos.
Intentar meter la geopolítica secular a la fuerza dentro de las profecías bíblicas es un grave error que por desgracia, algunos líderes del gobierno estadounidense defienden esta mentira a capa y espada justificándose en la supuesta creación prometida del político estado de Israel y creyendo que Dios aprueba tal patrocinio norteamericano a la matanza étnica propinada por el sionismo.
Por otro lado está lo que la Biblia define como el «Israel de Dios» (Gálatas 6:16). El Nuevo Testamento enseña que la promesa divina no se mide por fronteras, tanques ni pasaportes.
Es aquí donde resalta el judaísmo mesiánico que reconoce abiertamente a Jesús como el Mesías prometido. A pesar del rechazo férreo y la hostilidad del sionismo político hacia la fe cristiana, estos creyentes entienden que el verdadero pueblo de Dios no se define por un gobierno terrenal, sino por la fe en Cristo, uniendo a judíos y no judíos en un solo cuerpo espiritual, de hecho, la misma Biblia hace hincapié en no pertenecer a alguna etnia en especial:
Ya no importa el ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer; porque unidos a Cristo Jesús, todos ustedes son uno solo - Gálatas 3:28
La tergiversación de las promesas bíblicas llevadas al extremismo sionista y patrocinadas principalmente por eeuu, aseguran la prolongación de un conflicto militar - espiritual que a través del tiempo, solo desencadena miseria y supremacía étnica fundamentándose en una profecía con impulso forzado y artificial y así, ofrecer un falso cumplimiento que está llevando al mundo a defender algo totalmente irracional como la supuesta superioridad judía.
Dios no necesita políticos ateos ni ejércitos para «ayudarle» a cumplir sus promesas. Reducir la profecía bíblica a la creación de un Estado secular en 1948 es empequeñecer el propósito divino.
La verdadera profecía no se cumple en un mapa trazado por hombres ni en la fuerza militar, sino en el Israel de Dios: una obra eterna, espiritual y de redención que trasciende cualquier frontera humana o designio político militar, en pocas palabras, una facción del judaísmo bajo la figura del sionismo se canso de esperar a su mesías para dar paso a una nueva desobediencia espiritual tal y como sucedió en el pasado acudiendo a adorar en estos tiempos a un nuevo dios y protector militar llamado Estados Unidos de América el cual está dispuesto a llevar la locura sionista a costa de cualquier precio.
Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios. - 1 Corintios 1:22-24



















