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El título de este artículo, la inspiración y algunos apartes, los he tomado del célebre poema El gato bandido, del poeta colombiano Rafael Pombo, poco apreciado por los enemigos de la paz debido al carácter moralista de sus obras, donde el torpe animalito confiesa su gran delito – haberse ido a trampear, robar y pasar por encima de los otros, con tal de obtener de su mamá un plato de comida tras haber fracasado rotundamente como pillo


¿Acaso se puede triunfar como pillo? No. Absolutamente no. Los perversos productores han mostrado a grandes delincuentes como narcotraficantes siendo “exitosos” al estar rodeados de mujeres, dinero, drogas, alcohol, lujos y muchos guardaespaldas. Quienes pudimos vivir en Colombia en los años ochenta la demoledora (explosiva) campaña del más infame narcotraficante de todos los tiempos, sabemos que la dinamita es mala, pero mezclada con política y narcotráfico es francamente devastadora.

Muchos “gatitos de casa” resultaron empoderados a través del consumo de marihuana y una cuidadosa dosis de adoctrinamiento socialista – del cual apenas se han podido dar cuenta y ahora creen ser “gatos bandidos” quienes han “decidido volverse patetas” y poco a poco han regresado a casa chamuscados como Michín, al refugio de su mamá, con un resentimiento cada vez más profundo.

Se reúnen de nuevo los gatos a darse ánimos (adoctrinamiento del más corriente) y auto-convencerse de vivir en una dictadura donde son víctimas, cerrando los ojos a la miseria que viven sus hermanos venezolanos, cubanos y nicaragüenses quienes desde hace años pasaron de gatos bandidos a borregos de esquile, exactamente por el mismo camino.

Adoctrinados y drogados se enfrentan a las fuerzas regulares del Estado, lejos de mostrar un aspecto heroico y decidido, simplemente son salvajes sin control que dejan el sinsabor de la cobardía, el abuso y la falta de inteligencia.

Ocasionalmente cobran su presa preferida – “un tombo”, como lo describen de manera peyorativa, siendo ellos peor calificados por la sociedad entera. “retumba el monte al estallo, Michín maltrátase un callo y se chamusca el bigote; pero tronchado el cogote, cayó de redondo el gallo.” Simples fichas de ajedrez movidas por intereses políticos y económicos que nunca los van a librar de su esclavitud socialista, meros borregos de la hoz y el martillo. La autoridad responde con plena contundencia, haciendo apenas un esfuerzo ordenado dentro de los límites de la legalidad y “y al son de silba infernal que taladra los oídos cae dando vueltas y aullidos el prófugo criminal.” Algunos infelices regresan a casa sin dedos sin ojos, sin orejas. o en una bolsa plástica, y no hablemos de todos los que simplemente han regresado a casa a contagiar de virus a toda su familia.

Lo irónico es que el gato bandido siempre “bajo un sol que lo abrasa, paso a paso vuelve a casa con aire humilde y contrito” donde mamita siempre le sirve su inmerecida comida posapocalíptica, pero no vemos la parte en que después de destruir la ciudad ofrezca su arrepentimiento, porque se dice que la solución la tiene el estado, pero pocos padres de familia se han enterado que son el estado, que son la solución, para que podamos sacar de las calles a los gatos bandidos – porque el delito, purgarlo es menester...

“Confieso mi gran delito
y purgarlo es menester”,
dice a la madre; “has de ver
que nunca más seré malo,
¡oh mamita! dame palo
¡pero dame qué comer!”

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