jorge pachera

La muerte anticipada que no fue

Tener la posibilidad de elegir el tipo de deceso es una de las alternativas conscientes que cada ser humano posee y en la mayoría de casos podría ser una elección menos traumática, agónica y dolorosa aun cuando esto requiere manos expertas y por lo general una enfermedad terminal


El caso de Martha Liliana Sepulveda, mujer de fe y católica de 54 años, llamó la atención de la gente, aquella paisa que sufriendo Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) decidió poner fin a su vida bajo la modalidad de muerte asistida (eutanasia) entendiendo que su enfermedad derivaría en constantes problemas de salud, episodios de ansiedad y pensamientos incómodos del modo en que morirá, hicieron que tomara la determinación de adelantar su funeral no sin antes bajar unos buenos petacos de cerveza, echar risa y comer chicharrón, que por cierto se veia bien carnudo y sabrosito, como para seguirlo disfrutando y no querer irse de este mundo porque ese deleite no volverá a probarlo.

Cuando el cuerpo se comprime así mismo

Hay que decirlo, algo nada agradable de la Esclerosis Lateral Amiotrófica es el modo como se va desarrollando, puesto que poco a poco, el sistema nervioso afecta las células nerviosas en el cerebro y la médula espinal causando pérdida del control muscular, en pocas palabras, el cuerpo deja de responder muscularmente y no tendría la suficiente capacidad por ejemplo para mantener el simple ejercicio de la respiración, provocando que la caja torácica y pulmones no respondan adecuadamente y colapsen, prácticamente el paciente muere ahogado.

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Entre risita, alegría, marrano y cerveza

Martha Liliana Sepúlveda y su hijo Federico

Claro está, la señora Sepúlveda tenía el haz bajo la manga para evadir semejante destino final tan atroz, en una entrevista concedida a noticias Caracol al periodista Juan David Laverde, hicieron el reportaje más que en un hospital donde la enfermedad sería más tratable, en parques, tomaderos de cerveza, restaurantes, sitios que expresan ambiente familiar, hasta ese instante, los moribundos eran los espectadores que morbosamente estaban esperando el domingo a las 7:00 a.m. para verla morir o al menos saber que después de esa hora ya habría fallecido, se quedaron viendo un chispero, pues la ley negó ese derecho en el último momento.

Usted tiene más vida que cualquiera

Tras la entrevista a noticias Caracol donde se veía a Sepúlveda con su salud vigente y cerveza en mano salvo por algunos achaques menores, el comité médico de la IPS Incodol y Sura cancelaron el procedimiento que debía llevarse a cabo el 10 de octubre de 2021 aludiendo que en un primer dictamen, la paciente manifestó su deseo de solicitar su deceso y bajo el amparo de la enfermedad le fue otorgado, sin embargo y después de evaluar el reportaje de noticias Caracol, el mismo comité revoco el proceso considerando que Sepúlveda aun tiene mucho por vivir, que no estaba agonizando y que el sufrimiento que ameritaría su muerte asistida se estaría dando en condiciones más aceptables al menos en un término de 3 a 5 años tiempo en el cual la enfermedad haría que la paciente estuviera en verdaderas condiciones de agonía y dolor, de modo que mientras tanto podría seguir sonriendo, tomar cerveza y comiendo un buen pedazo de cocho.

La ley decide cuándo morirá

El jurista y exmagistrado de la Corte Constitucional, José Gregorio Hernández, señala que si bien la última sentencia de la Corte sobre el tema de la eutanasia data del pasado mes de julio (la C-233) que extendió el derecho a pacientes no terminales, esta NO fue notificada al Ministerio de Salud y por eso no había entrado en vigencia.

Gregorio Hernández advierte que ni la IPS Incodol ni la EPS Sura incurrieron en falta alguna porque acogieron la jurisprudencia vigente cuando decidieron suspender el procedimiento, ahora entre el ministerio de Salud y la Corte suprema de justicia se tiran la pelota para decidir legalmente como proceder en el curioso caso de la señora Sepúlveda.

¿Tiene miedo a morir?

En cierta forma y es algo que he leído en bastantes comentarios en relación a esta situación, la gran conclusión, es que la señora Martha Sepulveda ciertamente tiene miedo no a la muerte en sí, sino a la agonía y el tremendo dolor que estaría por experimentar de no aplicar algún método científico que evada el momento decisivo y final de su vida, este fue el motivo para solicitar de antemano la eutanasia y no el hecho de no querer vivir más.

“Si tantas ganas tenía de morirse, láncese de un edificio, tómese un racumin, haga algo por quitarse la vida, pero ya deje el show” fueron algunos comentarios que recibió Martha en foros y redes sociales tras el procedimiento fallido por cuenta de una imprudente entrevista que bloqueo la posibilidad de tener una muerte sin dolor y que ahora tenga que esperar quien sabe cuanto tiempo para volver a soñar con morir tranquilamente.

Este caso pone en entredicho si cada quien tuviera la posibilidad de por ejemplo saber cómo va a morir y dependiendo de eso elegir si quiere fallecer tal y como la bolita de cristal le indica o prefiere un método científico de la mano de Incodol, si me lo preguntan, preferiría lo segundo porque simplemente es una forma menos traumática de esperar el final de la vida y ustedes:

¿Anticiparía su muerte con la eutanasia o dejaría que la vida siga su curso hasta el final aceptando lo que ello implique?

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