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Con seguridad usted llegó a este artículo porque está buscando a quién señalar de corrupto para hacer valer sus derechos de ciudadano – o tal vez esperando que su nombre no se encuentre en esta líneas, no sé… Y se equivoca del todo: vamos a señalar a una buena cantidad de personas que no han entendido su papel de ciudadanos, de dirigentes, de líderes, de émulos de virtud


En época pre electoral ya es costumbre destapar “ollas podridas” para desprestigiar a algún candidato o partido político, y es mucho más eficiente que hacer propuestas, promesas y proyectos – a todos nos gusta un poco de escándalo a la hora de decidir porque eso nos permite tomar decisiones rápidas, en este mundo donde todo se ha vuelto inmediato. En la fila al cadalso le siguen los docentes que se han portado mal, el sacerdote, el pastor, el empresario y el que “pone los cachos”. ¡A la hoguera con ellos! Como si estuviésemos en tiempos de la inquisición, donde todo lo que fuese pecaminosos se “purificaba” en el fuego eterno. ¿Y usted para cuando?

Sí. Le hablo a usted, quien no usa los paraderos para tomar el bus, quien arroja basura a la calle, quien arroja sus desechos particulares al sumidero de la calle, quien barre hacia afuera, quien lava el carro en la calle, quien bloquea el tránsito sobre la carrera dieciséis o la décima - porque va a recoger un mercado (mientras no haya policías de tránsito), quien tiene dos bibliotecas (con más de treinta mil libros) y ni siquiera ha entrado a leer, quien compra en la calle sin pagar impuestos, quien tiene una conexión ilegal a los servicios públicos, quien contrata extranjeros ilegalmente para explotarlos, quien se dejó ganar del alcoholismo o las drogas, quien ejerce violencia doméstica, quien escucha música a alto volumen incomodando a sus vecinos, a usted le estoy hablando.

«Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad». – Montesquieu

Por supuesto que la corrupción en los cargos públicos es condenable y de vital importancia para todos, sin embargo ese funcionario corrupto lo es, porque lo aprendió en casa – y de la casa somos todos. Todos provenimos de un hogar donde el ejemplo es vital porque se cede o se resiste al viejo adagio que dice que “la ocasión hace al ladrón”. Y no es necesario que se refieran a multimillonarios desfalcos para que toda una familia caiga en la trampa de la delincuencia – porque ser corrupto es ser un delincuente. Me refiero a usted, quien no actúa bien sino cuando tiene un Policía al lado.

Nuestro municipio tiene falencias – algunas graves, otras no tanto. Siempre habrá necesidades por cubrir, personas insatisfechas y proyectos por ejecutar, pero en tanto los ciudadanos no cambiemos nuestro comportamiento, seguiremos en el atraso y la desigualdad – no solo hay que evitar caer en esa corrupción, sino señalarla donde quiera que la veamos. Con amabilidad – sin esperar nada (bueno ni malo), pedimos que recojan la basura que botan, pedimos que parqueen unos metros más adelante, invitamos a esperar el bus en el paradero, sonreímos y agradecemos, pero entramos a un establecimiento a tomar las onces (donde sí pagan impuestos, arriendo, servicios y tienen permisos), invitamos a los amigos a celebrar en mesura y dentro de casa, acogemos con afecto al extranjero y le facilitamos el trámite de sus documentos para contratarlo legalmente y pagarle lo justo, recomendamos a los conocidos con centros de terapia para resolver sus problemas personales y familiares – o les ayudamos a pagar las consultas de la misma, leemos con frecuencia y participamos de las actividades las bibliotecas que tanto nos han costado. Es fácil, solo hay que empezar.

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