¿Existe la lealtad política?

¿Existe la lealtad política?

No hay nada tan variable como el ejercicio público que congrega toda clase de personas y que en sus diversas personalidades y profesiones mueva tantas pasiones como la participación en esta actividad tan solicitada tanto por gente de bien como por avivatos y picaros, al final, la mayoría caerá en tentaciones y debilidades y muchos saldrán bien librados burlando la ley


Pero en si ¿Que es la política?

Según la definición de Wikipedia vendría siendo lo siguiente:

“La política es el conjunto de actividades que se asocian con la toma de decisiones en grupo, u otras formas de relaciones de poder entre individuos, como la distribución de recursos o el estatus. También es el arte, doctrina o práctica referente al gobierno de los Estados, promoviendo la participación ciudadana al poseer la capacidad de distribuir y ejecutar el poder según sea necesario para garantizar el bien común en la sociedad”.

Una utopía bastante sutil, humilde y sorprendentemente agridulce que en la realidad y bajo la tutela de los corruptos en nada contribuye al bienestar social para lo cual fue creado dicho concepto, más bien alimenta los bolsillos de quienes logran evadir la ley achacando responsabilidades a quien se atraviese hacia el camino del dinero fácil y el poder enceguecedor saliendo victoriosos bajo casa por cárcel, condenas pequeñas o en el peor de los casos por vencimiento de términos conservando todo lo que se robaron.

Pareciera que entre la prostitución y la política no existiera un abismo tan lejano como cualquiera supondría y, sin embargo, al final ambas se fusionan para el mismo fin: actuar sin escrúpulos cambiando de un momento a otro sin que nada importe y menos aún dar la menor explicación, pues en ambas situaciones lo que menos interesa es tener principios de lealtad, al menos en el espinoso tema de la prostitución, la fufa tiene la elegancia de elegir con quien meterse contrario al político que sin pensarlo dos veces y sin dudarlo termina involucrándose con el que le pele el diente y le proponga chuecos.

El tiempo se encarga de evidenciar las malas prácticas que conllevan una mala política desvelando al final las verdaderas intenciones de quienes bajo la bandera del concepto inicial se prostituyen no solo entre sus mismos pares sino al mejor postor especialmente cuando deciden cambiar de partido y sin el menor escrúpulo simplemente renuncian a su bandera política para abrazar ideales convenientes.

Si existe un paraíso para el mal político definitivamente por mérito, idiosincrasia y cero pudor público es y tiene que ser Colombia, cuna de la corruptela inimaginablemente más descarada que pudiera existir, cloaca del hampa, tanto hablan de otros países y su poco nivel cultural que por lo menos en aspectos judiciales ellos si hacen respetar la poca dignidad que no tiene la tricolor y de la que sus mismos dirigentes se encargan día a día no de crear esperanza sino total incredulidad e incertidumbre en el cumplimiento de las leyes haciendo ver la justicia como una panacea que no aplica al justo, pero cubre, salva y protege a quienes hacen el mal.

La lealtad política no es un don, tampoco es un regalo de la providencia, es un principio que pocos tienen en su honorabilidad, no se nace con ella, se desarrolla en virtud de la seriedad de cada persona y se fomenta no en un bienestar individual sino en actos colectivos de progreso y justicia social siempre buscando el bien común.

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